Artículos Publicados

A continuación se detallan distintos artículos publicados.


  • Vivencias dolorosas

    Ese domingo recorrimos las mismas historias que rememorábamos en todos los encuentros, como un ritual de descarga que no esperaba encontrar respuestas; esos nudos emocionales, conflictos familiares complejos que a él, le resultó imposible deshacer.

Ya de pequeño mi hermano Litto supo confrontar con la legalidad, un alma indomable para sus maestros de escuela y la familia; rebelde irremediable que tantos dolores de cabeza causó, especialmente a mi madre a quien admiro profundamente por la fortaleza que ha tenido, ante los golpes tan fuertes que la vida le ofreció.

En mi infancia, y hasta la adolescencia temprana, sus actos de rebeldía me fascinaban, al punto de admirarlo como a esos bandoleros románticos de película, que nos despiertan orgullosamente de nuestro tranquilo andar, por sus atrevidos actos.

Claro que esta fascinación fue decayendo a medida que crecí, manteniendo el amor que siempre le tuve, como así también una profunda ignorancia para ayudarlo.

Esa tarde el tiempo voló, el guardia cárcel avisaba a viva voz que el horario de visita, había terminado. En el penal de Devoto las reglas son estrictas y no permiten tiempo extra para que nos despidamos bien. Aunque en esa oportunidad nos dieron unos minutos de más; él se encontraba en el hospital del penitenciario, por estar en esos días con una fuerte congestión gripal. Un abrazo fuerte, y una carta que me dio a las apuradas “Tomá, leela cuando salgas, te quiero Riqui”. —Yo también te quiero Litto—.

Al día siguiente recibo una llamada del penal de Devoto, me pidieron que me acerque ya que Litto se había descompuesto. Me resultó raro el llamado y por supuesto, nada bueno presentía.

Al llegar, me informan que mi hermano, el mismo de corazón grande y tentaciones fuertes, había muerto.

No tenía consuelo. Había fallecido producto de fuertes convulsiones, por la gripe que tenía y se agravó. Me pidieron que lo reconozca, y así lo hice. Recuerdo que los lunes era para las visitas femeninas, mi madre siempre acudía para llevarle provisiones, la llamé por teléfono para decirle que se quede en su casa, y reiteradas veces me preguntó el “¿por qué no puedo ir?” angustiada y con la voz temblorosa, no fue necesario explicarle el motivo, al escuchar mi llanto.

No guardo buena memoria de los días subsiguientes, fue un golpe tan duro que inconscientemente, viví los momentos posteriores como si fuera un sueño, supongo que fue el método de defensa que utilicé sin saberlo, para asimilar la realidad de a poco, dándome el tiempo necesario para reaccionar de la mejor forma posible.

Confieso que no me resultó fácil, ya había pasado por este doloroso tránsito con mi hermano mayor 11 años atrás, tenía menos fuerzas que antes para soportarlo y nada de preparación.

Entiendo a su muerte como una bisagra en mi vida. Este hecho marcó un profundo cambio interno, causando un infarto emocional agudo e intenso, que luego de transitarlo y comprenderlo me abrió las puertas, hacia un nuevo renacer.

“Existen distintas vivencias que pueden sacudirnos profundamente, al punto de sentirnos infartados a nivel emocional”

Extracto de mi libro “A partir de ahora… reglas de oro para tu verdadero desarrollo personal”

  • Un camino para todos por igual

    Es infructuoso pensar una construcción del conjunto, alejando a las partes y echándoles la culpa a otros, de nuestra propia irresponsabilidad.

Como ciudadanos permeables a los dichos de nuestros referentes sociales, resulta fácil corromperse y adoptar el discurso divisionista y agresivo que pretenden inculcarnos para manipular lo que decimos y hacemos; donde la palabra descalificadora fluye en dirección a los hermanos que pretendemos negar, producto de la ira y la soberbia que estos mismos dirigentes sostienen, para su propio beneficio.

- Hay que tener valor y liberarse, del influjo seductor que nos siembra hostilidad.

- Hay que mostrar independencia y decisión, para pensar y actuar por nosotros mismos.

- Hay que buscar las soluciones sociales, a través del diálogo y consenso, al igual que hacemos entre los integrantes de nuestra familia cuando surge un conflicto, sin caer en agresiones inútiles, o imposiciones degradantes.

Imagínate profiriendo una múltiple variedad de insultos a tus padres, hermanos o hijos, e imponiéndoles que elijan por tu postura, o el destierro familiar, por el solo hecho que piensan, actúan y promueven, una visión de la vida distinta a la tuya.

¿Crees que así funcionan las relaciones? Ciertamente nada en familia prospera de esta forma, y mucho menos desde el conjunto social.

Existe un tiempo para la paz, y sólo la Paz construye en el tiempo

Si permanecemos atrapados en la sintonía de la desmembración social, de la descalificación artera e improductiva, del odio banal por pensar un mundo distinto al nuestro, créeme que ningún sector de la sociedad, tendrá un destino prometedor.

Entendamos de una buena vez, que todas las partes son auténticas y forman al Todo que llamamos Nación. ¿Quién en su sano juicio podría construir un consenso, dividiendo a sus partes?

Y en este sentido sólo se trata de elegir, entre un presente estancado y un futuro mejor para todos por igual; entre un país sumido en la violencia y un país donde todos podamos vivir tranquilos; entre un país dividido por los conflictos y un país donde todos formemos parte de la solución de los problemas.

Aquí no se trata de cambiar un grupo dirigencial por otro, o un líder en baja por uno en alza, no es este el camino para comprender la situación y superarla.

Ciertamente se trata de derrotar a los males que tenemos instalados hace mucho tiempo en la sociedad: la violencia, el desempleo, los espacios públicos sin protección y servicios que no brindan garantías y calidad, el alto costo de la vida como limitante de nuestro desarrollo personal, la corrupción y la impunidad.

Un camino es una vía posible, una manera de llegar a un destino común. Un camino empieza cuando tú entras en él, porque son tus pasos los que hacen que deje de ser una línea dibujada y se convierta en avance, en futuro, en verdad. De eso se trata ser progresista: de creer en que todos merecemos estar mejor y crecer, pero hacerlo mediante las maneras más eficaces de llegar a ese destino. Este es el camino para todo conjunto social.

Si en vez de dividir multiplicamos, se puede alcanzar si, ¡Se puede!

  • Inseguridad. Creciendo en un mundo distinto

    Recuerdo mi niñez con alegría, llegaba a casa del colegio y luego de almorzar salía raudo a la calle a jugar con mis vecinos del barrio. El punto de encuentro era el árbol de la esquina, un antiguo álamo que supo vernos crecer bajo su sombra, y darnos cobijo entre sus ramas al calor de largas y animadas charlas de amigos.

Las puertas de calle jamás se cerraban, nuestras madres se asomaban cada tanto para vernos, y a la hora de la merienda un coro de voces femeninas nos llamaba a viva voz, para emprender el regreso al hogar.

Las calles y veredas guardaban el registro de aquellos juegos que tanto nos alegraban, las pistas de autos rellenos con masilla, delineadas con una tiza o pedacito de piedra que encontrábamos por ahí, la misma que usábamos para dibujar la rayuela y viajar al igual que lo hacían los astronautas, de la tierra al cielo.

Era un mundo distinto al actual, la inseguridad no figuraba en las estadísticas ni siquiera se hablaba de ella en los ámbitos sociales, y gracias a ello el paso que hicimos de niños a adultos, fue acompañado por muchos otros creando vínculos reales, a diferencia de los virtuales que hoy realizan nuestros niños por internet.

¿Qué fue lo que pasó en este tiempo? ¿Qué sucedió en tan solo un par de años, que nos fuimos encerrando para protegernos, temiendo de la insegura realidad en la que actualmente vivimos?

Podemos encontrar múltiples desórdenes sociales que nos empujaron a este sistema aislado de protección; desde diferentes ángulos ideológicos o de pensamiento le adjudicamos culpas a hechos o conductas que socavan la integridad que supo tener en otros tiempos, el género humano. Los gobiernos se la pasan fracasando sistemáticamente con sus planes de seguridad, creando la ilusión que se hacen cargo del problema, sin encontrarle la vuelta que sin duda resulta a largo plazo, dato que choca con los breves tiempos de elección a elección.

Y el camino de la educación, que abre muchos otros caminos, es largo y traspasa períodos electivos que muchos políticos no planifican, ni pretenden enfocar.

Bien sabemos que la prevención empieza con la educación. Donde hay una escuela no hay violencia y los espacios públicos que puedan recuperarse, tienen que regresar a ser del disfrute, de toda la familia.

Un plan de seguridad no puede reducirse a operativos policiales como los que vemos comúnmente en los medios, para luego perderse en la memoria. Pero sí hay que mejorar la situación de nuestros cuerpos policiales y eliminar la corrupción. Pretendo policías comprometidos con la seguridad de las personas.

Las cárceles no se han humanizado, Se han convertido en universidades del delito, cuando deben ser espacios para la rehabilitación. No es justo que tengamos jueces y fiscales que administren la justicia detrás de una bandera política. Como sociedad tenemos que generar las condiciones para que haya una sana administración de justicia, porque sabemos que si no hay justicia no hay futuro.

En definitiva quiero que mis hijos, recuperen con seguridad la calle que me vio crecer, ofreciéndome la posibilidad de aprender y disfrutar con mis amigos, no de pantalla a pantalla sino, a un abrazo de distancia.

  • Ese abismo llamado Amor

    El hombre le teme al abismo que el amor le propone

Esta frase surgió espontánea en una de las tantas pláticas que mantenemos con una gran amiga, al respecto de las vacilaciones y temor en el que los hombres mayoritariamente se sumergen ante el nacimiento de un profundo y genuino sentimiento, devenido en amor.

Me quedó picando el concepto y me propuse ahondar en él, para descubrir su origen y así, comprender al menos algunas de sus causas.

Y en este ejercicio reflexivo me di cuenta que esta respuesta resumida en el enunciado, incluye resabios de viejos y personalísimos temores, pánicos insalvables y que en su momento, se convirtieron sistemáticamente, en rotundos fracasos.

Me quedó claro que nadie se salva de las reacciones intuitivas que su género porta: A las puertas de un compromiso afectivo el hombre huye por impulso, cuando la mujer propone por convicción.

Y se reproducen una y mil excusas para proteger nuestra ignorancia afectiva, porque no es otra cosa más que el desconocimiento que tenemos acerca del amor, lo que nos hace retroceder y guarecernos en el primer lugar seguro que encontramos.

Y es en esa huida cuando cometemos las torpezas más burdas como así también las más originales, eligiendo al autoboicot por encima de otras opciones, para salvarnos y continuar ilesos, en nuestro mundo conocido y controlado.

En este retroceso que al galope hacemos, no miramos el daño que provocamos a nuestra contraparte, desertamos de atropello sin caer en cuenta de aquellas actitudes erróneas y ofensivas que en ese momento cometemos, y de los que difícilmente podamos regresar.

Y allí quedamos, inertes, colgados en sepia imagen de un recuerdo que resurge cada tanto, a veces para dolernos y otras tantas para extrañarlos.

Y dejamos para adelante su mágica resolución, como si fuera creíble para alguno de los mortales, que el deseo q lo impulsa, no es una mera ilusión.

Y nos vamos, lejos... Lo más lejos posible a intentar rescatarnos de esa terca frustración, que reclama una revancha, al menos una en la vida, y que apagó la confianza y estímulo pionero en descubrir nuevos paisajes de la emoción; en entregar con pasión y a ciegas nuestra conducta pensada, abriéndonos paso a ese aparente vacío que el abismo propone y que algunos dicen que llena, perdurando por siempre.

A Dios gracias sabemos que cada regla tiene su excepción, y justamente éstas son las que impulsan un cambio de actitud ante el temor manifiesto al acuerdo amoroso, haciendo resurgir el espíritu de renovación que nos abre las puertas de la trascendencia, a través del Amor.

Solo los locos aventureros dan este salto de fe, y lo hacen a ciegas a este espacio impredecible que la ignorancia teme y la razón rechaza. Se lo vislumbra vacío porque la mente niega aquello que desconoce, estimulando la aprensión en su arte inhibitorio de acciones heroicas, e impidiendo al sentimiento la dicha de liberarse.

Me di cuenta que al tiempo de encontrarnos en esta elección, es mejor claudicar en las razones que atrasan, dando a tientas el paso, como hacen los locos, a ese abismo llamado Amor, que algunos dicen que llena, perdurando por siempre…

  • El mejor padre del mundo

    Hacía varios días que me quedaba con él. Llegaba por las tardes para reemplazar a mi madre, y cuidarlo en las noches.

Me sentaba en un gran sillón al lado de la ventana deseando que se despierte, navegando entre fuertes emociones y recuerdos sentidos.

Salía a caminar por el pasillo del sanatorio, débilmente iluminado. Regresaba a la habitación y me asomaba a la ventana desde ese gran sillón, evadiendo ilusoriamente el momento que me ocupaba, entre las luces y sombras de la ciudad...

Y allí me encontraba, acompañando a mi padre, en los momentos finales de su vida terrenal.

Ya de pequeño le daba suma importancia a su presencia, quizá por sus ausencias, producto de su trabajo como taxista, que le impedía estar con su familia más tiempo del que queríamos, además de su imperiosa necesidad de ser valorado por otros, atendiendo en su búsqueda de reconocimiento, los pedidos más variados de vecinos y extraños.

Siendo adolescente la rebeldía reclamó esas faltas, y en cuanta ocasión tenía desenvainaba la lengua, asestando con ácida ironía a sus dichos e historias. Le molestaba a horrores que le lleven la contra, y allí estaba yo, para fastidiarlo.

Nunca tuve una correspondencia equilibrada con mi viejo, forjamos ambos un orgullo fuerte, el mismo orgullo que nos impidió aceptarnos. Ya de adultos pacificamos el diálogo, sabiendo construir una aceptable relación, sin sanar algunas molestias, que al pasado nos ataba.

Mi viejo, como me han dicho todos los que vinieron a presentar sus respetos y condolencias, ha sido un vecino ejemplar que siempre acudió rápidamente a dar una mano a quien se la pida, sin distinciones. A medida que me iban realizando estos comentarios con pequeñas anécdotas créeme, mi orgullo por él se iba transformando y creciendo, de manera constante. Muchos fueron los amigos del barrio o del centro de jubilados que mi padre presidía, que consternados dijeron: ¿Y ahora que hago, sin mi amigo Raúl?

Confieso que no tuve necesidad de hacerme este planteo, sabiendo que mi viejo fue a cumplir en su tiempo exacto otras labores, en otra realidad. Y así intenté transmitirles esta comprensión uno a uno, de la manera más dulce y simple posible para aliviar esta falta que a los afectos nos provocó.

Mi madre encontró con sorpresa, las innumerables muestras de gratitud de tantísima gente… le hizo muy bien ese reconocimiento, al compañero de toda su vida. Sabe bien que no sólo contará conmigo sino, con muchas amistades que supo hacer en su comunidad.

Dos días antes de abandonar este plano de existencia se despertó producto de fuertes dolores, y a pesar de las altas dosis de calmantes que le suministraban para sedarlo. Allí me encontró junto a él, en ese breve lapso de conciencia, y pude sin saberlo, conversar con mi viejo, por última vez.
Impulsado por una profunda necesidad que los años empujaba le dije:

—Pa, mirame a los ojos, ¿me ves bien?, me asintió con un leve movimiento de cabeza

Tomando coraje, y liberándome de viejos e inútiles resentimientos, le confesé:
—Vos papá, sos el mejor padre que la vida pudo darme. Te quiero viejo, con todo mi corazón

Su sonrisa fue tan serena que al instante, removió toda aspereza en nuestra relación, si es que alguna nos quedaba en ese presente. Tantos años cargando esos detalles molestos y en un solo y preciso instante, a través de una manifestación genuina de amor, nos declaramos la Paz.

Extracto de mi libro “A partir de ahora” Editorial Vergara

  • Entornos favorables

    Las vacaciones, nos aportan el tiempo ideal para desintoxicarnos, y quedar más o menos libres de apegos que interfieran en una sana fluidez emocional. No de todos claro, ya que desengancharnos plenamente de las dependencias, nos exigiría una preparación y entrega mucho mayor al período vacacional que año a año, nos permitimos tomar.

En mi caso, reconozco una fuerte debilidad por la tecnología. Paso una gran cantidad de horas frente al PC, respondiendo correos, escribiendo reflexiones, o revisando datos para nutrir y enriquecer cada elemento literario que semanalmente te comparto.

La actividad de escritor es bastante solitaria, me quita tiempo para interactuar con mis afectos más cercanos; mucho más evidente resulta ser en las fechas de envío de los artículos para publicar, es allí cuando me aíslo del mundo y me encierro frente a la pantalla hasta que la reflexión que siento, surja en el formato perfecto para su entrega.

Hace pocos días regresamos con la familia de las sierras cordobesas, una provincia argentina privilegiada por su agraciada geografía, e ideal para disfrutar con los niños.

Todavía influenciado por el pensamiento cotidiano de la metrópoli y sus exigencias, lo primero que pensé en llevarme fue el Smartphone, la cámara digital, la notebook, netbook y si esto no lograba sosegar la hipotética ansiedad que me podría generar estas faltas, también cargué con la tablet, que la estaba estrenando.

¿Para qué tantos aparatos? Fue la pregunta de mi esposa a la que respondí con una serie de excusas que incluso, las terminé creyendo.

- La cámara tiene poca memoria, y no quiero perder detalles familiares y escenarios naturales por fotografiar o filmar, y estos equipos pueden ir guardando los archivos para liberar espacio en ella, o reemplazarla perfectamente para guardar lindos recuerdos – fue mi respuesta automática, totalmente cierta claro, pero ocultaba mi particular apego por estos artilugios tecnológicos.

Qué importante es un ambiente adecuado para asistirnos a una reconexión personal, que nos allane el camino en la depuración interna y mental que tanto necesitamos para oxigenarnos, y retomar el nuevo año a pleno.

Así fue que me sucedió, entre los cerros y ríos, observando las maravillas naturales de esta provincia bendecida por los cielos. Fueron pocas las horas que le dediqué al encierro virtual, para concederme el disfrute contemplativo del juego de mis hijos, o participando con ellos en la exploración de los bosques y arroyos, despojados de ruidos y distracciones, cargados de imágenes y sonidos naturales que impregnaban el alma hasta llenarla de gozo, deshaciendo los pretextos ficticios que nos alejan de la realidad circundante, para sentirla a pleno.

Elegir un entorno favorable, resulta imprescindible para liberarnos de apegos dañinos, y encauzar el equilibrio necesario en las relaciones sociales que pretendemos sostener. Si te lo permites, busca el tiempo y espacio propicio, para este real encuentro.

  • Aprovechar el buen tiempo

    Desde el inicio del nuevo año sostengo al igual que muchos, la convicción de transitar un tiempo sustancialmente distinto al recorrido. La percepción de vivir una etapa más transparente y cristalina se hace evidente incluso, en los acontecimientos más cotidianos.

Prestando la debida atención, nos resulta posible participar en diálogos más claros y fluidos, detectando las distintas gradaciones del carácter e interés del otro en la conversación planteada, trayéndonos una comprensión más precisa de lo dicho en referencia al discernimiento que nos ofrezcan.

Esta distinción particular hace que la Verdad o en su defecto, la mentira, aparezca develada sin demasiadas posibilidades de ocultarse.

Distinguir con mayor precisión lo verdadero y lo falso, es una facultad que ahora poseemos, de vital importancia para estos tiempos de cambio, y que aplicaremos a voluntad en todos los órdenes de nuestra vida.

Bien digo a voluntad, ya que las implicaciones afectivas de apego que no queramos soltar con situaciones o personas, seguirán creando velos para ocultar verdades que todavía no nos atrevemos a distinguir, provocando nuevos procesos de confusión, que impidan una liberación completa de nuestros sentidos y virtudes.

En plena renovación de aptitudes y con la posibilidad de liberarnos de ataduras sociales, del espíritu y sentimentales, resultaría decepcionante limitarnos al espacio conocido, manteniendo oculta la verdad, que actualmente el Universo nos obsequia.

Aunque sabemos bien que contamos con el libre albedrío para decidir todo, me impulsa el deseo de advertir sobre estos nuevos tiempos por venir, sin duda mejores a los que estamos dejando.

Posiblemente las ganas de vivir en plenitud todos los sentidos de la percepción, sea lo que al final sostenga el deseo de cambio al punto de manifestarse, abriendo la mente, afianzando las emociones y elevando el discernimiento a estratos sutiles, no tan solo emocionales sino más bien espirituales.

Este no es un año común y corriente. Varias vertientes del pensamiento teosófico lo señalan como el punto del tiempo y espacio de inflexión de nuestro vapuleado planeta, ya sea en predicciones apocalípticas o sucesos espirituales profundos que están gestándose en la actualidad, y que provocarán transformaciones personales a gran escala. Tengo mi propia creencia al respecto, y que iré compartiendo a futuro.

Las redes informativas han hecho que esta información se distribuya hacia todos los rincones del mundo y en todos los formatos posibles. Millones de personas expresan su opinión y emiten su emoción en este sentido, brindando creencia o descrédito de acuerdo a su voluntad.

Esta importante movilización del sentir y pensar ciertamente se traduce en energía, y traspasa las barreras físicas y de distancia, llegando a gestar confluencias con voluntades distantes y acrecentar así su poder transformador, haciendo en ocasiones posible, que ciertos hechos ocurran en realidad.

Contamos entonces con una posibilidad única de mejorarnos y evolucionar, aprovechemos el buen tiempo que ha comenzado.

  • La importancia de apoyar los sueños sin negar la realidad

    Cada vez que realizamos una acción, que tuvo un trabajo previo de elaboración y estudio, esperamos con un variado grado de ansiedad, el reconocimiento de nuestros pares y de aquellas personas que estuvieron en cierta forma, involucradas con el proyecto.

Mucho más ansiosa es la espera, si estos actos se abocan en la sumatoria, al alcance de la meta más alta, en nuestra historia de vida profesional.

Actualmente es muy común en los ámbitos laborales, prestarle real importancia a esta práctica, que impacta directamente en el ánimo de la persona beneficiada, al recibir una declaración pública en positivo, por parte de sus superiores y compañeros, y que redundará en un mayor aporte a los beneficios finales del sector, y que el conjunto desea alcanzar.

Carlos Pastrán, un eximio iluminador teatral que actualmente se encuentra retirado de su profesión, realizó toda su carrera en un teatro municipal de reconocimiento internacional, el San Martín, de la ciudad de Buenos Aires. Comenzó a sus jóvenes 17 años acompañando a su padre, quien fue el que instaló la sala de proyección en dicho lugar, cuando el mismo se estaba construyendo.

Fue tal la dedicación que le ofreció a su trabajo, que jamás dudó en tomarlo como prioridad en su vida, muchas veces, en desmérito de la atención que a los suyos le brindó, ocasionándole varias tensiones con su familia, particularmente por haberse perdido momentos de sus hijos que no se iban a repetir.

Era voz popular en el cuerpo técnico del mundo teatral, que no había persona con más conocimiento y experiencia que Carlos; se había formado para ello y se encontraba orgulloso de los logros alcanzados.

Al abrirse el concurso de Director Técnico, Carlos no dudó en anotarse, sabía que podía ganarlo limpiamente, por el peso mismo de su conocimiento y trayectoria.

Se anotaron varios más, la mayoría compañeros de otras áreas, y algunos que venían de afuera aspirando la misma posición.

Fue entretenida la preparación previa, recolectando información de sus trabajos en ese teatro de toda la vida, que lo llevó a mostrar su nombre en los programas de las obras en que participó, y que recorren aún los diversos rincones del mundo.

Lamentablemente para Carlos, no tomó en cuenta las malas prácticas que tienen la mayoría de los concursos públicos en nuestro país, y no resultó el elegido.

Acuerdos en sigilo entre un aspirante de mediana preparación, la conducción política y los sindicatos, dejaron frustrado a Carlos en su ilusión de cierre de carrera ocupando el sitio más alto de su profesión, comenzando entonces un dolido desprendimiento de la casa laboral, que durante tantos años lo supo tener.

Bien sabido es el beneficio que nos brinda, ser reconocidos en nuestra labor, pero no siempre manejamos todos los detalles para que esto suceda.

Apoyar nuestros sueños en una clara lectura de la realidad sin negar ninguna variable, y sostener nuestro ánimo en los afectos constantes y genuinos, resulta fundamental a la hora de sostenernos firmes, en la búsqueda del ansiado reconocimiento personal.

  • Relaciones discordantes

    Desentonar afectivamente es uno de los motivos probables que nos ubica en la vereda de los “no correspondidos”.

¿Cuántas historias escuchamos sobre las diferentes intensidades de afecto que se barajan en una pareja? “No sé si te amo como antes, pero sí que te aprecio mucho” esta es la típica expresión, que preanuncia el fin de lo que fue en un principio, y que ya no resulta igual.

Bien sabemos lo complejo que es salvar una relación, de este tipo de planteos, y no son los únicos motivos que anticipan un posible quiebre en la pareja.

Los gustos personales que fundan a las actividades cotidianas, como así también a las formas particulares de entender y explicar la vida en general, llegan a extremar los vínculos cuando estos juicios chocan, al punto de quebrantarlos.

Sabemos al inicio, comprender y tolerar actitudes que pueden generar un ruido interno: el momento de elegir una salida como por ejemplo ir de compras al shopping versus un juego deportivo; una obra de teatro contra un recital de rock; pollo frito con cerveza, o tabla de sushi con sake para acompañar…

Ni hablar de la enorme brecha que abre las disímiles visiones de realización personal, entre los que buscan por el lado espiritual su trascendencia dejando así un ejemplo de vida a seguir, y los otros que aspiran consolidar a sus futuras generaciones, a través del crecimiento económico que puedan haber generado.

De acuerdo a los mails que recibo y que dan cuenta de estas escenarios, resulta evidente que, en la mayoría de estos casos, cuando se advierte que los planteos y reclamos ante cada situación, no definen actitudes que avizoren un camino armonioso y a la par, se disipa progresivamente el incentivo en dicho búsqueda, y los sinsabores se acomodan al terreno de la negación, recluyendo las diferencias al olvido forzado y permanente.

Como contrapartida, se observa apático el surgimiento de frustraciones varias que van moldeando el ánimo, hasta llegar al extremo de desconocerse asimismo, eliminando gradualmente el espíritu romántico que trajeron, al comienzo de la relación.

Llega el tiempo que estos alejados temperamentos, conforman una sincronía lánguida y concurrente, abatiendo los sueños en común, limitando la visión de nuevos y mejores senderos, y planteando una rutina desgastante que en nada los alienta a pensar en un presente mejor.

Y es aquí cuando comenzamos a crear fantasías de cristal, inventando cuentos que dirigen la mirada a una felicidad que pretendemos imponer, introduciendo sonrisas de cartón en nuestro entorno, que den cuenta de un éxito fingido, y nos permita hacernos de un círculo distinto al que estamos acostumbrados, para pintar de colores al menos por un instante, a nuestra desgastada rutina.

Estas ilusiones felices, realmente nos desgastan y terminan enfermando. Duran muy poco y su disfrute, se evapora como el rocío en la mañana.

Algunos se dan cuenta relativamente pronto de estas diferencias, y deciden afrontar el desafío de reencauzar un destino en común, o individual. A otros, les cuesta años asumir la realidad.

Aceptar el desafío de un cambio sanador, es la opción recomendable.

  • Ni antes ni después

    Si decides aprender, comienzas a entender que todas las vivencias, contienen enseñanzas. Y todos los deseos se realizan adecuadamente, si aprendes a esperar el proceso natural, de su correcta expansión.

Si hay un valor que escasea en estos tiempos, es la paciencia. Vivimos en la era de las comunicaciones globales inmediatas; aquellas que nos sumergen en un flujo informativo constante, comunicándonos al instante, hechos de diversa naturaleza y magnitud, ocurridos en cualquier rincón del planeta.

No existe un tiempo histórico registrado, de mayor exposición de la realidad y difusión del conocimiento, como este mismo presente que nos toca transcurrir.

Será por la inmediatez en las respuestas que encontramos en la era digital, que pensamos obtener esa misma celeridad, en cualquiera de nuestros deseos promulgados.

Este urgente reclamo de concreción se agudiza particularmente en los más pequeños, aquellos niños nacidos en la era de la comunicación virtual.

Encuentro a la gastronomía, como una de las actividades que mayor relax y placer me provocan. La entiendo como una acción terapéutica que puede transformar positivamente mi ánimo maltrecho, luego de un largo y estresante día de oficina.

Es este el momento que me permite conectarme con la paciencia como valor, tan depreciado en la actualidad, y que me anima a restituirla en los distintos órdenes de la vida cotidiana.

Si deseo que una receta trascienda en sabor y prestancia, aplaco mi ansiedad a los tiempos de cocción que cada fase requiera, cuidando que las cantidades y calidades de los alimentos utilizados, sean efectivamente los correctos y necesarios para lograr el plato ideal.

¡Papá tengo hambre! ¿Cuándo comemos? Me acorralan ansiosos mis hijos cuando me ven en acción en la cocina.

-Calma chicos comeremos, cuando el plato esté listo. ¡Ni antes, ni después! - Les respondo con una amplia sonrisa mientras me devuelven sus enojos y caprichos por no tener su alimento preparado, inmediatamente.

Y por supuesto que los entiendo. Era exactamente igual de ansioso a la misma edad que ellos. Y continué impaciente y expectante hasta bien entrada la adultez, en cualquiera de los objetivos que pensaba conseguir.

Y a fuerza de golpes y frustraciones, uno aprende. Claro está, si aceptamos a todas las experiencias de vida, como parte indispensable del conocimiento requerido ante determinadas circunstancias que discretamente, nos preparan para responder en mejor forma ante la adversidad.

Vamos tomando progresiva conciencia de la estrategia que cada sueño requiere para expresarse en plenitud. Comprendemos la practicidad del “paso a paso” y asimilamos su operatividad, adquiriendo la paciencia suficiente para no abandonar frustrados, a mitad del camino.

Ni antes ni después. Cada proceso tiene su tiempo de maduración, una vez elegida la meta diseñamos el camino al detalle, y las huellas dolorosas de tropiezos pasados nos recuerdan constantemente la inconveniencia de saltearnos algunos, para llegar antes a destino, sencillamente porque el resultado no será, aquél que imaginamos y queremos obtener.

  • Tendencias evasivas

    Es inútil enfocarnos en lo místico, so pretexto de prorrogar los conflictos irresueltos.

Las diferentes opciones que el desarrollo espiritual nos ofrece, sirven para muchos, como vía de escape a los trances emocionales inconclusos, esos mismos que por más que intentemos soslayarlos, se reiteran firmes en nuestro pensamiento, sin saberlos transformar.

Es claro que el equilibrio mente – cuerpo – espíritu, es el estado ideal codiciado y que más nos cuesta encontrar. Y en momentos de extrema carencia afectiva solemos aferrarnos a una salida imaginaria, negando una vez más la responsabilidad que nos toca, sobre nuestras propias emociones.

Hace unas semanas una lectora chilena me compartió en un mail su voluntad de ampliar y profundizar su espiritualidad, además del deseo de encontrarse con sus maestros de vida, que puedan orientarla hacia el camino de progreso personal que tanto ansiaba lograr.

Al mismo tiempo me comentaba de algunos pensamientos recurrentes que tenía, y le impedían avanzar en este espacio de crecimiento interior. Justamente por estas trabas me solicitó una lectura del Alma a través de sus fotos.

Son interesantes los detalles de personalidad y estado emocional, que se reflejan en ese preciso instante en que son captados por la cámara fotográfica; retratos que, con una vista entrenada, muestran mucho más, que la máscara que utilizamos al presentarnos al mundo.

Al profundizar en las imágenes de esta persona, surgió con fuerza una reflexión al respecto de una actitud compartida por tantos, y que entiendo como una pandemia social fuertemente instalada: Insistir en la evasión hasta el hartazgo. Este recurso tan utilizado resulta ser en estos tiempos, una herramienta distractiva muy popular, potenciado por el múltiple bagaje de ofertas que impera en el pensamiento actual globalizado.

Sentimos tanto temor e impotencia al no saber superar a los sentimientos golpeados, que preferimos ocultarlos y buscar soluciones mágicas, bien alejadas del conflicto real.

Al ignorar las formas de sobrellevar las pérdidas afectivas, y plantarnos en la negación de los hechos que nos conmocionaron, sosteniendo un apego al pasado que pretendemos revivir, rediseñamos nuestras defensas, experimentando en distintos caminos que no hacen más que alejarnos de esta profunda verdad, al ocultar nuestro temor de enfrentarla.

La búsqueda de esta mujer se enfocaba persistentemente, en resolver aquellos pensamientos que surgían espontáneamente, y le impedían la evolución espiritual deseada, sin arribar a la comprensión que esta actitud, guardaba estrecha relación con sus conflictos pendientes de resolver.

Ciertamente todos contamos con la posibilidad de tomar conciencia al respecto de aquello que negamos. Y en algunas ocasiones nos basta con que alguien nos manifieste esta visión, reordenando nuestra realidad.

Coraje y decisión para afrontar los desafíos, aceptación y entrega para asumirlos. Liberarnos de dolencias afectivas, renueva y allana nuestro camino de trascendencia individual.

  • Realidad impensada

    Cuando todo parece en equilibro, el imprevisto irrumpe con fuerza, transformando el camino para crear uno nuevo.

Todo cambia, todo pasa, y todo vuelve a cambiar.

Que importante resulta el darnos cuenta que no hay presente afianzado, ni terreno seguro que mantenga su status demasiado tiempo, especialmente en los momentos donde creemos tener todo resuelto y organizado.

Es en estas circunstancias que los eventos inesperados, pueden conmocionarnos al punto de causar un bache profundo en nuestra realidad.

Hace varios años un amigo de la infancia se encontraba transitando un excelente momento, había logrado un equilibrio personal importante fortaleciendo la relación con su familia, y como estímulo superador de los frutos alcanzados, le llegó la noticia de un nuevo niño por venir, que lo había sorprendido por aquél entonces, positivamente.

En lo laboral, se desempeñaba como asesor de un importante dirigente social que comenzaba a dar sus primeros pasos en la vida política del país. La mayor parte del día cumplía funciones dentro de la prestigiosa fundación que este personaje público dirigía.

'La vida me sonríe' solía responder al saludo de sus amigos. Transmitía una imagen sólida y entusiasta, hecho que en algunos miembros de su círculo laboral les molestaba, al punto de manifestar extrañas emociones en su contra.

Ciertamente el éxito no viene solo, trae consigo antipatías que resultan complejas de contrarrestar, producto de la imposibilidad de terceros en alcanzar los logros que uno realiza, o simplemente por envidia de aquello que los demás tienen, y desean para sí.

Y en el núcleo íntimo de este líder social devenido en político, decidieron que la presencia de mi amigo en la fundación ya no era necesaria, y sin motivos aparentes le cancelaron su contrato laboral.

Lo tomó tan de sorpresa esta inesperada noticia que al principio no tuvo reacción alguna. El argumento que le dieron, fue que no hubo renovación de la partida presupuestaria para continuar con el programa social en el que mi amigo y otros, venían trabajando, y que si retomaban con el programa le avisarían.

'Que problema, y justo ahora que estás esperando otro hijo, espero que lo puedas resolver' Le dijo el informante de la mala noticia. 'No te preocupes saldré adelante' le respondió.

Al tiempo se enteró que sus antiguos compañeros siguieron sin interrupción en sus obligaciones, llegando a varias conclusiones que no hicieron más que despertarlo a la dura verdad: el líder en quien confió tanto aceptó la influencia de su grupo áulico para desprenderse de él, siendo conciente del nuevo niño que estaba por venir.

Fue un duro golpe el que recibió. Especialmente al caer en cuenta que los argumentos que utilizó el mensajero para informarle de la rescisión de su contrato, eran una burda mentira.

Al creer erróneamente que nuestro presente permanecerá sin cambios, dura será la caída que recibamos si estos, no nos favorecen.

Estar abiertos y flexibles a eventos inesperados, nos dispone en buena forma para enfrentarlos, y continuar enteros hacia el nuevo destino.

  • Lectura del Alma

    ¿Es posible interpretar la personalidad, un estado emocional franco o encubierto, y sondear el alma de la gente a través de sus fotos?

En los tiempos en que Louis Daguerre comenzó a explorar y divulgar el arte de la fotografía realizando retratos personales, ninguno fue al principio tan osado de observar durante mucho tiempo a los mismos, creyendo que los individuos en dichas fotos, los estaban mirando también.

Existen numerosos relatos de los primeros antropólogos que estudiaron a las tribus originarias de áfrica, haciendo referencia del temor que provocaba las cámaras fotográficas, creyendo que estos aparatos les robaban el Alma. A tal punto estaban convencidos de esto que, fueron varios los científicos que perecieron en manos de las tribus renuentes a fotografiarse, y que vieron con fines maléficos a dicha destreza. Esta creencia además, se repetía en los pueblos indígenas de toda América.

En los tiempos antiguos se tenía la firme convicción que el alma humana, radicaba en las sombras o en la propia imagen que nos regresa el agua y los espejos, de allí proviene la leyenda de los vampiros y su imposibilidad de reflejarse, ya que según el mito, carecen de alma.

Siempre fui muy observador. Desde pequeño fue creciendo mi interés en saber cómo son los seres de mi entorno, será por esto que me abrí a la posibilidad de reconocer ciertas características de la personalidad, en los individuos con los que me relaciono. Incluso no me resultaba difícil el darme cuenta de algunos estados emocionales que se manifestaban en el otro, dando cuenta a detalles que intentaban ocultar tras las máscaras, que sostenían en su cotidianeidad.

Este talento se fue perfeccionando paulatinamente, y hoy me asiste en numerosas actividades sociales, alertándome del “quién es quién” en todo sitio que me encuentre.

Desde hace varios años la web 2.0 nos permite comunicarnos con semejantes del otro lado del mundo, teniendo la posibilidad de conocerlos por sus pensamientos escritos, en video o fotos. Fue en este nuevo mundo que descubrí la capacidad, de esclarecer detalles de la personalidad y vaivenes emocionales, de quienes me contactaban por las distintas redes sociales, haciendo de esta facilidad, un ejercicio afinado que realizo hasta el día de hoy.

Con el tiempo, esta práctica informal y privada, se fue conformando en una técnica que le llamé “Lectura del Alma”.

Y como toda técnica, se fue enriqueciendo con la práctica, agregándole a la misma distintos tips que se fueron incorporando, y que tomé de diversos estudios del lenguaje corporal y gestual, como así también a la experiencia cotidiana de la meditación, ejercicios de introspección, y de limpieza emocional y desapego, que enriquecieron la visión descriptiva de la lectura, haciéndola más clara y precisa.

Al igual que el profesional de la medicina ejercita su “ojo clínico” de acuerdo a determinados síntomas imperceptibles para algunos, pero evidentes para él y que le permiten arriesgarse por una patología en particular a la hora de dirigir los estudios científicos profundos que lo avalen, así resulta la práctica de la “Lectura del Alma”, tornándose una herramienta poderosa en el arte de conocer al otro, reconociendo numerosos detalles de actuar y sentir privado, interesantes a la hora de brindar consejos, y evaluar relaciones.

Para quienes poseen una visión crítica y racional de la vida, los resultados de las lecturas no dejan de ser impresiones particulares, conjeturas subjetivas al respecto del semejante y de poco sustento científico. En cambio, para los que sostienen una creencia espiritual nutrida de objetivos trascendentales, y conocedores de los talentos y capacidades por manifestar, encontrarán en la lectura del alma, la posibilidad cierta de descubrir al otro, en su más íntima realidad.

  • Milagros inesperados

    Acostumbro a compartir diariamente por las redes de Twitter y Facebook, pensamientos a modo de aforismos que no superen el límite de los 140 caracteres, es un ejercicio que desafía la capacidad de síntesis de todos, máxime de aquellos que nos ganamos la vida escribiendo extensos artículos, que aspiran a disparar reflexiones en otros.

Esta dinámica cotidiana, es la mejor forma de adaptarnos a las nuevas herramientas de comunicación, transmitiendo conceptos claros, directos y concisos a un gran número de personas, y obteniendo casi de inmediato la devolución del lector para enriquecer la idea, con su crítica constructiva o valoración del aporte entregado.

“La vida te compensa con milagros los momentos de tristeza. Recibirlos con alegría y entusiasmo, es la mejor opción”

Este adagio surgió al instante de revisar a la distancia, un acontecimiento que nos impactó a todos en la familia y en particular a mi esposa y a mí: estamos por cuarta vez embarazados.

En un primer momento la noticia nos resultó contradictoriamente angustiante y nos generó mucho temor, imaginábamos tan solo lo negativo y las complicaciones que nos traería a la rutina familiar cotidiana, ¿Qué hacemos con cuatro niños? En nuestra época de noviazgo pensábamos cerrar nuestro aporte poblacional al mundo con el segundo, y mientras planificábamos el viaje a Disney apareció Giuliano.

Recuerdo haber sugerido el nombre de Miguelito para él, en honor al ilustre ratón que al menos esa temporada, no íbamos a conocer. Obviamente mi iniciativa no prosperó, a Dios gracias.

Por parte de mi padre fuimos 3 varones, que tuvimos todos varones también. Mis hijos son muy inquietos y que demandan mucha atención; con la noticia nos enroscábamos pensando en la necesidad de ampliar la casa ya que los cuartos no alcanzan para todos; cambiar el auto por una van de más asientos; repartirnos en varios para dar amor equilibradamente, sin que los celos se disparen demasiado… Realmente estábamos entrando en pánico.

Y como todo evento transformador que al principio resulta incomprensible, al tiempo realza su esplendor, para sentirlo en su plena magnitud, y comprenderlo profundamente al punto de transformarse en un nuevo milagro de vida.

Ninguno de los lectores estaba al tanto de los detalles, y el refrán que publiqué despertó miradas de tonos variados, impulsando la ansiada reflexión que siempre espero de otros, a través de mis textos.

Y el camino que abrí al mencionar los milagros, te lleva axiomáticamente a repasar tu relación con Dios, o quien sea que fuere el representante de tu creencia, por ser justamente hechos no explicables por leyes naturales que se atribuyen su origen a un orden divino. En esta dirección una respuesta en privado me llamó la atención.

Una lectora me responde que resulta feo no saber direccionar la tristeza, y que la opción única es abandonarnos en Jesucristo. Mi respuesta inmediata fue que así resulta en su creencia; que los judíos lo harán en Yhave, los musulmanes en Alá, los evangélicos en Jehová y así, todo el mundo feliz.

Sin estar satisfecha me dice que justamente esa división es el gran problema y acto seguido me pregunta si soy católico a lo que respondo afirmativamente aclarando que no soy practicante, porque me hacen ruido los dogmas.

Allí fue que me dirigió su sentencia mandataria diciendo “Con mucho respeto, debería ser practicante y ajustarse al dogma”.

Supongo que habrá sido por mi sensible escenario personal, que de inmediato surgió en la respuesta que le ofrecí, un nuevo proverbio para compartir en público:

“Si en verdad dices respetarme, no me digas lo que tengo que hacer, ni orientes para tu lado mis creencias, porque yo no lo hago contigo”

Confieso que esta última máxima recibió mayor aceptación y comentarios, supe entender que la necesidad de proteger el propio espacio de pensamiento y decisión es importante para muchos, y que el mandato imperativo que proferimos a otros está a la vuelta de la esquina. Sinceramente lo percibí muy liberador.

Supongo se preguntarán cual fue el milagro del que les hablé al principio.

Luego de tantos hombres en mi familia, resulté ser el privilegiado que rompió esa racha, al concebir a una niña que nos traerá, mucha dicha y felicidad, ¡Es por eso que le doy gracias a la Vida, por sorprenderme tanto!

  • Manipulaciones peligrosas en la pareja

    ¿Cuál es la frontera que demarca, la entrega personal efectuada en las relaciones y que mantiene un sano equilibrio, sin resultar siendo víctimas de un avance posesivo por parte de aquellos que intentan manipularlos?

Encontrar el balance es posible, mientras las partes se encuentren en un mismo plano de salud psicológica, emocional, y autoestima equilibrada.

La desvalorización de los talentos y virtudes personales, sumado a la visión de poder y consolidación que se tenga de la respectiva pareja, puede hacer estragos en la seguridad interna de quienes sientan debilidad frente al otro, y logra alterar la visión de la realidad circundante, al punto de fijarle prejuicios en su pensar y sentir que con el tiempo, le van modificando nocivamente su conducta.

Paso a paso estas distorsiones, se ven ampliadas producto del temor a perder a la otra parte, y ante esta posibilidad, se direcciona negativamente su actitud, de acuerdo a los prejuicios que fue constituyendo de manera malsana.

Hace unos días recibí un mail donde me detallaban exactamente uno de estos casos. Quien me escribió, un arquitecto muy exitoso de la península ibérica, era precisamente la víctima de esta pareja desbalanceada.

Carmen, según la descripción que me hizo, logró al principio cautivarlo por su candidez y belleza. Se sintió renovado con su fresca y joven compañía, y al pertenecer a un ambiente social distinto del suyo y que esta admiraba, recibió casi de inmediato un apoyo contenedor a las tensiones que por su profesión, recogía a diario.

Transcurrió el tiempo y esas diferencias de entorno y ambientes fueron ponderándose en su pareja, quien según el relato, comenzó a avanzar en las actividades profesionales de Marcos, orientándolo al mismo de acuerdo a su opinión personal, sobre el camino a seguir en los distintos desafíos laborales, influencia que se fue acentuando a pesar de su poca capacidad en estas materias.

Hasta aquí, notaba algo normal que ocurre en todas las relaciones, me sucede al final del día donde me encuentro con mi esposa y conversamos sobre los hechos diarios, y opinamos sobre lo sucedido al otro, brindando nuestro consejo. El tema es que a Marcos le sucedió algo muy distinto, y se dio cuenta de la invasión en progreso que su pareja le había iniciado.

Comenzó a cuestionar a personas del ámbito laboral y privado de este arquitecto famoso, al punto de obsesionarse con algunos que criticaba persistentemente. Según me confesaba en el mail, era tal la diatriba que su pareja tomaba con estos individuos que voluntariamente comenzó a alejarse de los mismos, simplemente para no tener que soportar estos planteos en su propio hogar.

Llegó un punto en que vio a sus actividades diarias y grupos de amigos, modificados por el simple motivo de brindarle seguridad a Carmen, en su sentimiento al respecto de la dupla afectiva que conformaban.

Y como lo forzado y las renuncias jamás aplican en una relación sentimental, comenzó a pedir ayuda para encontrarle respuesta a su situación. Y así fue que me encontró.

Indudablemente, el punto de entrega personal que Marcos le fue ofreciendo a Carmen, sobrepasó el límite ideal que requiere toda relación en equilibrio. Se vio perjudicado en su trabajo, y alejó a personas de su entorno que en otros tiempos, le brindaron afecto y confianza.

Por su parte, la desconfianza y temor a perder a Marcos, llevó a Carmen a manipular el entorno social de ambos, e intentar encerrarlo en un medio ambiente que pretendía controlar.

Cuando actuamos en desmérito propio y en complacencia de otros; cuando vemos invadido nuestro espacio personal al punto de ser manipulados en nuestros actos; en definitiva, cuando sentimos que perdemos progresivamente la identidad, nos damos cuenta que llegó la hora de cortar con esa forma de relación enfermiza que nada nos aporta, y plantear lo que sentimos con firmeza, para intentar un cauce saludable, o seguir caminos de manera individual.

Aceptar al otro sin condiciones, siempre resulta la mejor propuesta.

  • Actitudes riesgosas en la construcción de pareja.

    Existe un momento singular de nuestra vida, que el anhelo de participar nuestras alegrías y sueños emerge de tal forma, que estimulamos el encuentro comprometido con esa persona especial, que sentimos y entendemos merecer hasta el final de los tiempos.

Si la fortuna nos acompaña y disfrutamos de la posibilidad de compartir caminos sentimentales con alguien, nos decidimos a consumar estas aspiraciones profundizando afectos, construyendo realidades, y perfilando un espacio pleno de satisfacciones en común, que a ambos nos contenga equilibradamente.

Resulta maravilloso el tiempo inicial de toda nueva relación, cuando irrumpimos entusiasmados a descubrir los detalles de la otra parte, inclinados a suavizar cualquier defecto que podamos encontrar.

Es el período perfecto para dejarnos llevar por el disfrute que lo nuevo nos causa, embriagados por la atrevida ofrenda realizada en intimidad, que nos renueva y plenifica profundamente.

Es en esta etapa que la entrega personal se intensifica, dejando a un lado algunos gustos, actitudes y particularidades, supuestamente en beneficio del crecimiento y consolidación de la pareja, y que nos dirige a cometer sutiles equivocaciones que a la larga, nos termina perjudicando.

El ocultamiento temprano de aquellos defectos que hacen al déficit personal compartido, nos ubica frente al dilema de mostrarnos como somos, o persistir en el engaño, el mismo engaño que nos impulsa a proceder erradamente y a nutrir una imagen que se perfila falaz, para sostener el mayor tiempo posible el dulce e inicial romance, boicoteando la honestidad plena que toda relación requiere para su evolución exitosa, mostrando sin trampas como somos, para ser aceptados genuinamente.

Desde la teoría, resulta simple entender que toda pareja que planificamos concretar, se entusiasma con la idea de alcanzar el equilibrio, la aceptación sin censuras de la otra parte y la obtención de una riqueza integral colectiva, generada desde el aporte individual, y unida indisolublemente por el amor espontáneo que emparenta y fusiona toda relación amorosa.

Sabemos entonces al respecto de la necesidad que sentimos de ser contenidos y acompañados afectivamente. Este objetivo potenciado por diversos factores como la ansiedad, baja autoestima o sensación de soledad, nos empuja a comportarnos de manera distinta a como somos en realidad y en referencia al ideal que soñamos obtener, y confundimos pareja con unión societaria, creyendo que ciertas posturas son convenientes para lograr un rendimiento aceptable, a la hora de exigir ilusorios dividendos, a la otra parte contractual.

Y estas exigencias que comienzan a surgir, ya sea por sostener una imagen personal disfrazada, o al negar o tolerar los defectos que nos apena del otro, alimentan a un sentimiento egoísta que se acrecienta y consolida, distorsionando la verdad e incrementando el deseo de manipulación de los eventos cotidianos, para mantenernos en la burbuja que inventamos, haciendo cada vez más compleja nuestra manera de expresarnos en libertad.

“Ya va a cambiar”, es el axioma más común de los ilusos que creen a ciegas sobre el futuro cambio de actitud, que alguien pudiera realizar en nuestro propio beneficio, sesgando la visión que tenemos del otro, en su capacidad y derecho de transformarse cuando lo crea conveniente.

“Sé que puedo y voy a lograrlo”, enfoque correcto si utilizamos modos que correspondan a nuestro verdadero sentir, y erróneo si lo forzamos aparentando una identidad diferente, pretendiendo incluso estimular un cambio de terceros para satisfacernos en lo personal.

Ciertamente es el ego quien nos confunde y aprisiona construyendo una falsa imagen propia y extraña, y obligándonos a sostenerla hasta el fracaso irremediable.

La verdad y el ser auténticos con el otro y con nosotros mismos, nos libera, y aunque no arribemos al resultado que al principio imaginamos, siempre nos llevará a un éxito genuino y perdurable.

  • Una vida con sentido

    Salvo excepciones, el sentido de trascendencia nunca nos llega como una verdad revelada. La experiencia nos dicta que se presenta sigiloso, casi sin darnos cuenta, y en circunstancias particulares cuando esto ocurre, nos encuentra figurativamente, durmiendo tranquilos, una buena siesta.

Y mientras tanto, el mundo competitivo que supimos crear en sociedad, nos pide un óptimo conocimiento de nuestras áreas de influencia, y un estado de alerta al máximo para alcanzar los objetivos pensados. Dichas tareas nos mantiene tan ocupados que al tiempo de ejercitarlas, perdemos noción de lo importante dejando a un lado el mundo afectivo, que tantos beneficios nos sabe brindar.

Y allí vamos con todo el empuje y a toda marcha, avanzando con el estudio para perfeccionarnos y mejorar nuestras expectativas de éxito profesional, optimizando el desempeño laboral y alcanzando mejores ingresos, ocupándonos de construir una sólida y productiva familia… Y es en este tránsito de realizar acciones que pensamos como las más primordiales, que comenzamos a sentir vacías algunas zonas de nuestro ser interno.

De a poco percibimos en los momentos de introspección y en solitario, que hay algo profundo del cual carecemos para poder realizarnos: El contar con un propósito de vida que nos enaltezca, y nos brinde la posibilidad de trascender, más allá de nuestra finita existencia.

Hace unos días recibí correo de una lectora de Venezuela, una joven profesional de 31 años donde me contaba que a pesar de los éxitos personales a los que había arribado, superándose a diario profesionalmente, configurando una hermosa familia con dos bellos niños, y luego de haber alcanzado “La cima” en varias ocasiones, nada trascendente allí encontraba.

En cierta forma comenzó a comprender la verdad y el secreto que guarda toda meta cumplida, y es que al instante de alcanzarla, comienza de nuevo el ciclo de recorrer, un camino distinto.

El alcance de una meta es un momento glorioso, pero que también archivaremos, en nuestros registros de historia.

Y así, con el sabor amargo de esa carencia irresuelta, retomaba la vía, cargando con ese estado de insatisfacción permanente por darse cuenta que “Algo le estaba faltando”. – Mi espíritu está sediento, y no sé como calmarlo – Me relataba con absoluta sinceridad.

Apenas leí esa frase me emparenté con ella, tuve la misma sed hace varios años. La molestia incomprensible que al principio esta falta nos hace sentir, se convierte en un dolor profundo que nos quiebra el sentimiento y nos conquista el alma.

Algunos pocos se despiertan a tiempo ante este reclamo, y despliegan sus artes para reformarse. No es precisamente el caso de la mayoría de los mortales, grupo al cual me incluyo, que no paramos de resistirnos frente a esta necesidad, hasta llegar al límite de la desdicha y recién ahí, apaleados y doloridos nos damos cuenta en este sagrado escenario, de vencer los temores y dar los pasos inexcusables, para cambiar el curso de nuestra historia.

En lo que a mí respecta, recorrí la vida como muchos, hasta el momento en que comencé a abrirme en las emociones compartiendo historias, gestando relatos que asistían a otros para sanar a su propia esencia.

Fue así que le respondí, contándole mi proceso de transformación que comenzó bien simple, brindándole atención a los pequeños detalles que el día a día me acercaba, abriendo los canales de percepción a los actos genuinos y profundos, bajando la exigencia a las cuestiones mundanas, encontrando mi propia verdad, al observar únicamente mi vida, y ofreciéndome afectivamente sin expectativas ni nada que esperar, procurándole sentido a mi vida.

  • Ser, como el viento que limpia

    Duele la espalda por el peso excesivo. Y se complica aligerar la carga cuando tenemos prisionero al recuerdo de vivencias personales mal resueltas, y que no podemos ni sabemos remediar, espesando la emoción al recordarlas a diario.

-¿Qué llevas en la mochila? Parece que es mucho, te noto cansado – le preguntó su amigo que al tiempo sabía las historias de llanto.

-Memorias de sitios, personas y encantos. No puedo soltarlas por más que me duelan, ¿Qué haría sin ellas? ¡Las aprecio tanto!

Duele la espalda por el peso excesivo. Y se complica aligerar la carga cuando tenemos prisionero al recuerdo de vivencias personales mal resueltas, y que no podemos ni sabemos remediar, espesando la emoción al recordarlas a diario.

Y como si esto fuera poco venimos llevando en el mismo fardo, aquellas dolencias que embargaron la historia y todavía sentimos, como piedras filosas, cortantes e hirientes que sólo se avivan para contrariarnos, y embromarnos la vida presente.

-Y el precio que pagas por esas remembranzas, ¿No es alto si piensas que son el pasado?

-Añoro esos días no quiero soltarlos, son gemas valiosas que guardo en mi esencia, no puedo largarlas, aunque me dañen tanto.

Por más que nos esforcemos y jalemos para adelante, no soltamos. Entiendo a esta actitud por tener al temor endiosado, y rendirle culto a diario sujetándonos de aquello que ya fue, como si fuera un tesoro preciado; construyendo ilusiones de pequeños resabios, pedacitos de afecto que aún conservamos, a pesar de los cortes que nos provocaron y que hasta hoy sangran por la herida…

El orgullo hace su juego, y el ego nos impulsa a quedarnos con todo incluso aquello que no nos corresponde por haberlo perdido y formar parte de un tiempo que pasó, y nos dirige la mirada y el afecto hacia atrás, trocando el amor que se deshizo, en una mísera nostalgia que nutre a la ilusión, la misma que evoca alteradamente esa versión de la historia que aceptamos parcial, y esperamos repetir.

-Sostengo el presente a puro antifaz, espero la vuelta ¡Yo sé que es posible! Si hubiera cambiado esa sintonía, no hubiera ocurrido aquél desaliento, como siempre he querido, como siempre he soñado…

-De nada te sirve el idear respuestas, a hechos resueltos que no volverán. Te tienen cautivo olvidando el presente, el único tiempo que merece arraigar.

Intuitivamente lo sabemos. Somos concientes del engaño, y aún así, persistimos en el intento vano de recuperar lo perdido. En estas circunstancias vamos del ensueño a la evasión, siendo éste el destino común que pergeñamos a diario, soslayando al presente que sólo nos brinda realidad. Esa misma realidad, que creemos burda y sombría, por temor a descubrirnos solos, desnudos sin carga ni recuerdos que llevar.

-Hay que tener memoria, nos dicen los sabios -

-¡pero tenerla sin lastre que nos retenga la marcha!, caminando ligeros, disfrutando el trayecto, en un nuevo paso.-

Y el tiempo que cura todo aquello que daña, aunque no pueda hacer nada si cargamos las piedras, sabiendo en el fondo que todo es en vano. Como el río que fluye, el mismo del sabio, que empuja las suyas puliendo sus filos, y llevando en su viaje. No suelta ese peso lo trae consigo. El río lo arrastra, es parte del trato.

Evoca romance limando sus puntas, brindándole el brillo del oro más falso. Pero no dejan su esencia y engañan al débil, son piedras sin filo, lo van retrasando, al río que fluye y retiene tanto.

-No quiero más cargas, ¡Son tantas no aguanto! Prefiero ser viento que viaja sin portes, ligero y limpiando, llevando emociones sin llantos ni piedras, sembrando conciencia, cultivando tratos.

-Entonces…Si resoplo con fuerza deshaciendo el embrujo, lleva el viento mis penas a su eterna morada, guarde el tiempo memoria sin males ni llanto, y abra paso al presente, liberado de encantos.

  • Que sea lo que yo quiera

    Hay momentos que nos provocan gran tensión, uno de ellos es, precisamente, cuando nuestra opinión es importante en la toma de decisiones.

Gran cantidad de personas evitan aparecer durante ese lapso de tiempo, guardando silencio y evadiendo las miradas que demandan respuesta. Reniegan de su juicio, no creen que pueda ser de interés, temen quedar en ridículo o ser ignorados por haber compartido una visión impopular sobre el camino a seguir y entonces, dejan de lado su impronta decisoria a la suerte, o en el mejor de los casos decretando “Que sea lo que Dios quiera".

Recuerdo haber estado en ese pelotón de invisibles que aportaban muy poco a la hora de precisar caminos, en el trabajo o en el hogar, daba igual el ámbito donde me encontrase, siempre dejaba en manos de otros esa tarea. Tiempos corrientes donde el silencio le ganaba la batalla al derecho natural a emitir opinión al grupo sobre el camino a seguir, incluso renegando del sentido de supervivencia, que te anima a en tantísimas ocasiones a sentar postura pública y atreverte a mostrar aquello que pensamos y sentimos, sin temor al ridículo que erróneamente creíamos adjudicarnos, si osábamos abrir la boca.

Claro que la verguenza y el miedo se transformaban en disconformidad, cuando la decisión tomada por otros resultaba equívoca.

Y en ese preciso instante de saber errado el camino, reflota siempre la misma pregunta y al sólo efecto de reprocharnos esa cobarde actitud evasiva, que en su momento tomamos:

¿Y si hubiera dado mi punto de vista, que habría ocurrido, cuál sería el resultado?

Hay palabras frustrantes al punto de resultar improductivas como los “Hubiera y hubiese". Nada más inútil que flagelarse, por aquello que no hicimos.

Y qué común nos resulta el lamentarnos por lo irrealizado, al punto de convertirnos en mediocres opinadores post mortem de esa maniobra errada diciendo “Y... Si hubiéramos ido para aquí, esto no habría ocurrido" ganándonos el descrédito de muchos porque en el momento indicado, no brindamos generosamente este veredicto que ahora y displicentemente le ofrecimos al conjunto.

Imagino que muchos de ustedes tienen a uno de estos insípidos personajes en su entorno laboral o familiar, que tanta molestia nos causa.

El pensar una acción es insuficiente a la hora de tomar decisiones y pautar los pasos a seguir. Es necesario expresarlo en el momento justo y de la forma adecuada. Si al formular nuestro pensamiento nos conquista el temor y la vergüenza, y así y todo expresamos nuestro parecer, en tales circunstancias sonará tan débil que es muy probable que sea descartada rápidamente por el resto de los participantes.

Y otra vez surge como lamento en esos penosos instantes la misma frase de siempre: “Que sea lo que Dios quiera…"

Claro que dejar el trabajo propio a otros, aunque sea el Dios de tus creencias, no es para nada recomendable. Y es en este punto reflexivo que, luego de acumular varios silencios amargos, comenzamos a generar esa “irritación productiva" que nos anima a blanquear nuestra postura en sociedad.

Si nos sentimos seguros de nuestro juicio, incorporaremos vehemencia a nuestras palabras, realzando nuestro estilo expresivo y transmitiendo confianza a nuestro entorno. Al darnos cuenta, surgirá en nuestro haber, una nueva y productiva frase:

“Que sea lo que yo quiera", transformándose en herramienta de contención y apoyo, a la hora de expresarnos para decidir el camino a seguir.

"Que sea lo que yo quiera", aportando la fuerza suficiente a nuestras palabras, para que surtan efecto convincente en los otros, y sea tomada en cuenta.

“Que sea lo que yo quiera", trasladándonos a un óptimo nivel de aceptación social, siendo mentores en el grupo de pertenencia, de nuestras propias convicciones.

A partir de ahora, que sea lo que vos quieras.

  • Sueños premonitorios

    Fue un sueño tan curioso, que recuerdo el contarlo emotivamente en la sesión de terapia. Marta mi psicóloga, me escuchaba atentamente y como siempre hacía, tomaba notas de mi relato.

La casa donde nací, en el suburbio de flores, es una antigua vivienda de estilo italiano, el mismo que trajeron junto a sus ilusiones de construir la América, aquellos inmigrantes de Europa, a las barriadas populares de principios del siglo XX.

Está construida en un gran terreno. Al frente vivían mis abuelos con el local de la sastrería del nono Nicola a la calle, profesión que trajo de su pueblo Sepino, cercano a Nápoles casi en la punta de la bota europea; a un costado de la galería de acceso a las habitaciones de mis abuelos el patio grande, con sus maravillosas parras de uvas rojas, las mismas con las que mi padre tantas veces intentó hacer vino sin buenos resultados; en el medio de la propiedad la casa de mis tíos y sus hijas, y en el fondo del terreno el galpón, el jardín con la infaltable higuera y limonero, y el gallinero.

En el primer piso, sobre el apartamento de mis abuelos, vivíamos nosotros. Cuando salía de nuestra casa a la escalera que daba al patio central, veía hacia abajo el patio de mis tíos. Recuerdo que en el sueño estaba mi tía Negra sentada en silencio, hecho que me llamó mucho la atención. Escribía tranquilamente unas notas en pequeños papeles, y los subía hacia donde me encontraba, por un sistema similar al de los tendederos de ropa ascendente. Me llegaba una esquela, la tomaba y la leía: Cuidá a Andrea y a Luquitas… Portate bien… Te quiero mucho sobrino…

A la distancia, arreciaban unos enormes nubarrones grises, y la brisa que acompañaba esa tarde de otoño, de a poco se enrareció convirtiéndose en un fuerte viento invernal.

La neblina llegó de repente, espesa y fría me golpeaba el cuerpo, empujada por los vientos que soplaban raudo esa tarde, casi con la sensación que me traspasaba el cuerpo me entregué a él, con los ojos cerrados. Al abrirlos, mi tía ya no se encontraba allí

La interpretación de los sueños que nos llega de la psicología tradicional, nos cuenta que los mismos son necesarios y muy importantes para nuestro desarrollo personal. Nos sirven para liberar las emociones reprimidas y las pasiones que ocultamos, incluso nos dice que pueden ser interpretados todos y cada uno de ellos si se les desglosa en partes a ser estudiadas, obteniendo en el ensamble de los resultados, un diagnóstico e interpretación final.

En cambio los sueños premonitorios, nos suceden de una manera muy distinta al resto, tienen una particularidad casi exclusiva para cada persona que los hace únicos, podemos darnos cuenta de ello al sentirlos diferente, al recordarlos vívidamente y tener la necesidad de contarlo con lujo de detalles. Esto fue lo que me pasó con el sueño de mi tía.

Al salir de terapia y como generalmente me ocurría, me sentía más liviano aunque con ganas de saber al menos algo, sobre el sueño que tuve. No lo relacionaba con algún temor o angustia, hacía unos días que había visitado a mis viejos y tíos en la casa que me vio nacer.

Reconozco que fui incapaz de unir los detalles de manera conciente, es probable que me haya resistido. Mi tía Negra, con la que compartí varias madrugadas de cine de trasnoche, con te y galletitas, se fue humilde y silenciosa de esta vida, en una fría y ventosa tarde de ese incipiente invierno, habiéndose despedido con un trato dulce y amoroso, en el sueño que hacía apenas unos días, compartí emocionado, al juzgarlo distinto.

  • El valor de los silencios

    Cuando decidimos adentrarnos a descubrir nuestra verdad, tomamos distancia de nuestras relaciones, declarando necesaria a la soledad, para manifestarnos en plenitud; intentando tomar prestado los silencios de otros, para poder escucharnos.

Previo a la toma de conciencia que manifestamos al querer saber más de nosotros, comenzamos a percibir con mucha fuerza esa disonancia emocional que existe entre el afuera y el adentro, la misma que afortunadamente nos despierta a la imperiosa necesidad de hurgar por otras vías, y ver qué nos pasa cuando callamos y prestamos atención, al adentrarnos en nuestro íntimo universo.

Disfruto de esos tiempos en solitario, asisten a la manifestación conciente de emociones y pensamientos que en ocasiones sorprende a nuestros sentidos, elevando la comprensión de las circunstancias que al no entenderlas nos mantuvieron en vilo; y al esclarecerlas vamos liberando las cargas, que a ciertas realidades nos conservaron atados durante larga data.

Los ruidos de nuestro entorno llegan a contaminar tanto nuestra rutina que en cierto punto, nos aquieta el corazón, y enmudece el alma. Y ni hablar de la tontera que a la razón nos provoca, embruteciendo nuestras capacidades, empobreciendo nuestros talentos.

Tantas verdades de otros sobreimpuestas; tantos mensajes enlatados que se repiten a diario nos aturden, nos adormecen. Nos distraen de lo importante: el afecto que venimos a dar, y a recibir.

¿Cómo hacer para alcanzar este cálido ideal, si detenemos la marcha en ociosas ocupaciones que en nada nos beneficia?

Las pasiones futboleras; los escándalos mediáticos; las traiciones políticas, se entrometen sin permiso en nuestras vidas cual pariente odioso en la cocina, y nos inhibe del enriquecedor descanso que anhelamos, al pretender ocuparnos, de nosotros mismos.

Es cierto sí, muchas veces nos evadimos en estas distracciones al temer encontrarnos. Disfrutamos al punto de creernos protagonistas de la vida de otros, sean estos actores o futbolistas. Nos metemos en la piel de ciertos personajes mediáticos que ni siquiera saben de nuestra existencia, ni tampoco pidieron nuestra ayuda para salvarlos.

Estos vicios sociales llegan a convertirse en una adictiva rutina, la misma que con ansias deseamos comenzar, para perdernos, ya que no vemos esperanzas en el hacer silencio, para intentar encontrarnos.

Requiere de coraje el adentrarnos y ver qué nos pasa, para tirar lo malo afuera aunque esto malo tenga nombre y apellido. Por eso a veces nos aferramos al ruido, por no soltar lo conocido que nos daña, a pesar del vacío emocional, que esto mismo nos pueda provocar.

Me tomo varias horas al día en soledad, reconozco que es el tiempo más productivo para elaborar reflexiones, merecedoras de ser compartidas. Es el espacio propicio para la construcción de aquella idea inspiradora que surgió durante el día anterior, entre ruidos y afectos. Si, así es, durante las pausas ruidosas y adictivas es posible que el impulso de realizarnos se abra paso, y nos ofrezca inspiración, como luces resplandecientes que nos alerta de una realidad distinta, a punto de despertar, y regresarnos al verdadero camino.

Me gustan los silencios, cada día los disfruto más. Quizá me pierda el último chimento o los datos de la última fecha futbolística, incluso los sueños en baile que en contadas ocasiones, confieso que me atrapó.

Ya no me prenden los ruidos como antes, prefiero las calmas reflexiones que el silencio me presenta, valorando los hallazgos que me ofrece, y aceptando con gusto a mis verdades.


  • Padres exigentes, hijos estresados

    Aquellos padres, que contamos con la posibilidad de brindarles a nuestros hijos una preparación algo más completa que lo usual, y que los asista a enfrentar la vida con múltiples y variadas herramientas, tendemos en ocasiones a estimular en demasía el rendimiento, al punto de exigirles tanto que, olvidamos la necesidad de recreación y comprensión que necesitan, especialmente a su edad temprana, para que obtengan un equilibrado desarrollo que los ubique firmes, en su adulta realidad.

Es en ese tránsito preparatorio que los chicos, ante nuestra demanda de resultados sostenida en la creencia de brindarles un beneficio posterior, responden automática y esforzadamente, afectando los ánimos, desgastando la personalidad en formación, y transformando displacentera una práctica o estudio que al principio, resultó interesante. Terminan exigiéndose por nosotros, más que por su propio deseo de superarse.

El año pasado mi hijo Lucas se preparaba para su primer torneo de Taekwondo con mucho empeño y dedicación, participaba junto a él de las clases con la intención de alentarlo y darle apoyo, sin darme cuenta que en mis palabras y actos le trasladaba una enorme exigencia y responsabilidad, a la hora de generar resultados.

Llegó el día de la competencia y en el momento del combate los nervios le jugaron en contra, era su primera pelea con chicos de otras escuelas y perdió ajustadamente, sumando una rica experiencia para las próximas que estaban por venir, al menos así lo pensé en aquel momento.

Para mi sorpresa, la derrota fue tan dura que no pudo contener el llanto, estaba frustrado y decepcionado a tal punto que pensó seriamente, en dejar este deporte que tanto ama. Perder, particularmente a la vista de su familia, lo puso realmente mal.

Su planteo de abandonar esta práctica deportiva ante su primera pugna, me llevó a reflexionar seriamente sobre lo sucedido.

¿Qué había pasado? ¿Cómo fue la travesía del entusiasmo, a la decepción? ¿Qué detalles pasé por alto en el camino, para no darme cuenta y contenerlo?

Era evidente que los primeros tiempos de disfrute habían quedado atrás, y la idea primaria de acercarlo al deporte como una sana y entretenida costumbre, fue dejada a un lado por la exigencia en los resultados, que la competencia requería.

Me di cuenta en aquél momento que el Taekwondo para Lucas, había dejado de ser divertido, para transformarse en una exigencia personal en la obtención de medallas, que pueda lucir “a pesar de todo" para el gusto de su familia y amigos.

Y aquí surgió la pregunta típica que entiendo algunos nos hacemos en estas circunstancias: ¿En qué fallé, para que esto suceda?

Y como a veces nos pasa cuando nos pega la culpa, ya que no existe una escuela que nos prepare para ser padres idóneos, aprendí junto a mi hijo, una gran lección en este intenso desafío de ser papá: Todo aprendizaje y preparación, requiere indiscutidamente de una cuota importante de disfrute y alegría, para ser plenamente aceptada. Lo contrario a esto deviene en frustración, y una pesada sensación de fracaso.

Nos tomó un tiempo y varias charlas recuperar el espíritu recreativo que lo insertó en esta deporte, y particularmente un cambio en mi actitud a sabiendas de la influencia que en él ejerzo, haciendo ahora hincapié en la diversión y disfrute, como parte importante de esta honorable práctica, como así también de cualquier actividad que realice.

Me distendí junto a él, disfrutando de las clases y competencias sin importar los resultados, y al sentirse aliviado recuperó esas ganas que al principio lo motivó, mejorando casi sin darse cuenta y de manera fluida, en el rendimiento, perfeccionando cada día su estilo y técnica, ahora sí, por su propio deseo de superarse.


  • Publicar el primer libro: un desafío realizable

    Existen innumerables profesionales que hoy día exploran sus talentos y virtudes, hacia diversos campos alternativos de su pensamiento específico para desempeñarse laboralmente.

En mi caso particular, me dedico a La motivación, desarrollo humano y liderazgo.

Soy escritor autodidacta especializado en dichas temáticas, publicando videos y reflexiones en diversos medios digitales y gráficos, desde hace unos 4 años, aunque no siempre fue así, mi profesión original se encuadra en el campo político, militando desde temprana juventud para modificar la realidad social.

Comencé de manera informal en las redes sociales, luego de recibir con fuerza, algunos golpes emocionales, que abrieron el camino de los sentimientos hacia la razón, (La muerte de mis hermanos, rompimiento y quiebre de relaciones afectivas, pérdida de trabajos, etc.) confluyendo así, en la construcción de textos que me ayudaron a superar estas dolorosas vivencias, y sorpresivamente, animando a otros a verse tal cual son, facilitando de esta forma y sin proponérmelo, numerosos cambios de conducta en otras personas.

Youtube, una ventana al mundo

Poco a poco fui comprobando la popularidad que obtuvo el material compartido, especialmente el realizado en formato video, con la confección muy simple de videoclips motivacionales de corta duración (2 a 3 minutos los más difundidos), que rápidamente tomaron vuelo en Youtube, siendo los mismos, accesados en numerosos sitios de internet, y obteniendo actualmente en su conjunto, un promedio de 10.000 reproducciones diarias.

Una armoniosa mezcla de tiempos breves, sonidos, imágenes y textos, fueron la clave para que la gente que los ve, en vez de aburrirse y cambiar de canal, marcara “me gusta" y compartiera con los suyos. Composición ideal, que fui perfeccionando cada vez más, con el paso del tiempo.

Numerosas horas me tomó pulir la técnica para brindar audiovisuales atractivos, hecho que resintió a los integrantes de mi familia, reclamándome mayor presencia, y criticándome la actitud aparente de prestarle mayor atención a un “pasatiempo", que a ellos mismos. Créanme, que no fue para nada fácil encontrar un equilibrio en este aspecto.

Publicación en medios gráficos y digitales

Me di cuenta que esta inclinación era mucho más que una distracción, y fue en este despertar que decidí profesionalizarme como escritor, redactando artículos sobre problemáticas puntuales, y enviándolos a periódicos y revistas con una breve reseña de mi carrera.

Por cierto, al principio el currículum, era demasiado breve, pero esto nunca me limitó, ya que las convicciones que se forjaron en mi ser para convertirme en escritor, ¡Fueron demasiado fuertes!

Como tantos otros, comencé publicando reflexiones en múltiples sitios webs, teniendo como objetivo preferencial, el logro de la “masa crítica de adherentes", para la construcción del mío, hecho que así resultó, y siendo hoy día este portal, el lugar de encuentro de miles de personas que buscan desarrollarse motivacionalmente; y el punto de partida hacia los desafíos, que anhelaba conquistar.

Las colaboraciones en medios gráficos o digitales rara vez se pagan, si tenía suerte, me publicaban algunos artículos, y como contrapartida recibía el reconocimiento de los lectores, consolidando “la marca" de mí espacio virtual, y siendo la misma, la firma al pie de cada reflexión.

Al cabo de un tiempo, y luego de distribuir los textos en múltiples formatos públicos, logré captar la atención de un par de empresas significativas en el mercado de la comunicación, y que sostengo hasta la actualidad.

Esto, por supuesto que fue el producto de la perseverancia y enfoque, en la búsqueda e inserción del material literario, en diferentes medios, que previamente les comenté.

Actualmente colaboro con varios periódicos importantes de mi país y el exterior, además del portal Emagister, sitio educacional en español por excelencia, y en donde abrí un grupo específico del Desarrollo Humano, personal y grupal, que actualmente se posiciona entre los más populares de dicha web.

Hago especial hincapié en el prestigioso semanario 6to Poder, mi ventana al mundo venezolano, con tantos amigos que me ha traído esta intensa y querida tierra.

Esta exposición al público masivo, me permitió consolidar firmemente, el sueño de publicar, mi primer libro.

Abriendo las puertas editoriales

Es un verdadero desafío despertar el interés de las editoriales. Llegar al escritorio de los responsables de edición, para presentarles nuestro primer manuscrito, se convierte en una verdadera hazaña.

Si bien la suerte es importante para ser valorados en este sentido, el desarrollo previo que construí metódicamente en los medios gráficos y digitales, consolidó la joven profesionalidad que portaba en este campo, y abrió las puertas de las editoriales, obteniendo así, las anheladas citas para vender la vocación, que con tanto amor y pasión abrazo.

En Junio del 2010, y luego de haber rebotado en numerosas entrevistas, firmo mi primer contrato con “Ediciones B", editorial de gran prestigio internacional, concretando de esta forma el objetivo que con tanta firmeza busqué.

El orgullo que sentí en ese momento, fue tan grande que no pude contener la emoción. Había confirmado hasta las lágrimas que, con un enorme esfuerzo y constancia, y a pesar de las fuertes resistencias que en mi familia encontraba, había llegado la hora de la cosecha, ¡Especialmente en dinero contante y sonante!, colocándome con gracia en el pecho, al igual que una medalla, el cheque que recibí como adelanto de las ventas del libro, y pavoneándome así, frente a mis íntimos, ¡Victorioso y triunfador!

Había logrado al fin, el sueño tan deseado de publicar mi primer libro.

Conclusiones

En ocasiones la vida nos acerca a nuestros objetivos más importantes, casi por casualidad. Así fue como a mí me ocurrió: teniendo de ocupación la militancia política, intentando sanar mis heridas emocionales al compartir dolorosas vivencias, me convertí en escritor, y esos pensamientos que participé abiertamente, comenzaron a sanar las heridas de otros.

Desde este descubrimiento hacia el libro, pude encontrar en base a prueba y error, las claves que aquí te colaboro para alcanzarlo, apoyado firmemente en la verdad que sostengo, y siendo perseverante en el camino.

Sé, por experiencia propia, que toda acción nos lleva hacia un punto en lo particular; y cada sueño que anclamos en nuestro anhelo, es factible de realizarlo, si enfocamos estas acciones hacia dicho encuentro.

Fue así que encontré la forma, de publicar mí primer libro, espero que estas líneas te sirvan de inspiración, para alcanzar el sueño, de publicar el tuyo.


  • Pautas que todo líder, merece descubrir.

    En todo espacio público y social, encontramos miembros que se distinguen positivamente de otros, siendo estos, más afines al pensamiento mayoritario. Esa distinción natural, se consolida en liderazgo de acuerdo a la voluntad y enfoque que la persona le preste, gestando un estilo personalista, o democrático.

Y las diferencias son abismales entre estos estilos, el primero hace un culto de sus cualidades personales, afianzando la idea de invulnerabilidad ante todo desafío que se le presente, y el segundo se arraiga en una serie de valores y principios, que se mantienen inalterables por el paso del tiempo. Te comparto a grandes rasgos 22 puntos que entiendo todo líder, merece poseer:

- El líder comienza a gestarse cuando decide ir a su propio encuentro, enfrentando sus miserias, consolidando sus virtudes, y actuando en su presente convencido de alcanzar con éxito, cada una de sus metas.

- El líder construye sus sueños sosteniendo siempre el objetivo enfocado, generando a cada paso que da, las circunstancias adecuadas que le ayuden a lograrlo.

- El líder fusiona en cada uno de sus actos: una Pasión, una creencia, y un pensamiento, puesto que siente con fe, cada idea que comienza a elaborar.

- El líder comparte a su entorno, su visión y experiencia. No es esquivo en participar a otros de su sabiduría, en la búsqueda de un objetivo en común.

- El líder es consciente de su influencia haciéndolo más responsable de las actitudes que toma, siendo ejemplo para los demás, a través de su propia conducta.

- El líder utiliza equilibradamente en todas las actividades, su carisma y seducción personal. Nunca abusa de ellos como métodos de manipulación, ni enceguece a los demás con exabruptos del ego.

- El reconocimiento que el líder obtiene es popular y espontáneo, nunca por imposición, o escalón ejecutivo en que se encuentre. El cargo del jefe no trae de regalo el don de liderazgo.

- El líder se ocupa en conocer a fondo a cada persona de su entorno, buscando y descubriendo en cada uno de ellos, los talentos específicos que aportan, con miras al objetivo grupal.

- El líder impulsa la formación de otros líderes, incentivando el autodescubrimiento, brindándoles capacitación constante, y asistiendo a otros al encuentro, con su verdadero potencial.

- El líder no necesariamente es quien realiza mejor el trabajo, es el que sabe perfectamente quien es el mejor, para cada trabajo.

- El líder utiliza a la intuición, como otro instrumento a valorar en la toma de decisiones.

- Para el líder no existen impedimentos, conflictos, problemas o limitantes. Comprende a estas circunstancias como desafíos a superar.

- El líder como todos, es un ser perfectible, y a diferencia de otros, que aún no han descubierto el don de liderazgo, aprende de sus errores enriqueciendo su sabiduría y perfeccionando sus cualidades.

- El líder jamás prejuzga a nada ni a nadie, cuenta con la virtud de sopesar todas las opiniones, al evaluar y tomar una decisión importante.

- El líder siempre asume sus responsabilidades, cumpliendo con la palabra otorgada y haciéndose cargo de cada uno de sus actos.

- El líder no se queda colgado de las glorias pasadas, sacándolas a relucir a cada rato, ni permite que la confianza lo haga sentir infalible. Siempre se ubica en el presente, gestando un nuevo camino, hacia el encuentro de su próxima meta.

- El líder se anticipa a los hechos enfocando el éxito que busca, diagramando las estrategias a seguir, y utilizando todos sus recursos, en beneficio del objetivo anhelado.

- El líder forma grupo transdisciplinarios, donde cada desafío se aborda en equipo, desde múltiples visiones del saber, sumando cada integrante conocimientos de áreas distintas a la propia, ampliando la visión general y una mayor comprensión de todo el equipo, para alcanzar con éxito las metas planteadas.

- El líder siente al éxito como un intento acertado, en el trayecto elegido hacia la propia trascendencia personal. Una vez alcanzado dicho éxito, es consciente que el camino continúa.

- El líder sostiene ideales de máxima que ofrece a su grupo de influencia, fortaleciendo el sentido de pertenencia, y creando una mística grupal que consolida la confianza y aumenta la autoestima de todo su equipo.

- El líder no sólo piensa, siente y actúa como líder, también se muestra como el líder que es.

- El líder sabe, cuando dar un paso al costado, y comenzar de nuevo.

El liderazgo no es un don natural ni un bien hereditario, es un talento innato que todos los seres poseen, y sólo unos pocos valientes se atreven a descubrir.


  • El tamaño en verdad, es importante

    ¿Cuál es el sueño más grande que deseo alcanzar? – Me pregunté hace varios años, y en silencio claro, para mis adentros. Y es justamente allí donde anidan las ilusiones que todos queremos lograr, y que crecen ambiciosamente, sin prejuicios ni preconceptos…

Hasta que la ansiedad nos juega en contra e ingenuamente lo comentamos; y la razón nos hace trampa, influenciada por algún factor indeseable, que interviene imprevistamente y nos convence, que por ciertos motivos lógicos, no podemos realizarlo.

Es el día de hoy, que todavía me provoca cierto retraimiento el hablar de mis anhelos personales en público, más que nada por preservar el objetivo de energías malsanas, que cualquier individuo nos pueda transmitir.

Y esa “mala onda" actúa cual deshecho contaminante, arrojado por terceros de manera deliberada o involuntaria.

Si esta basura nos toma desprevenidos o faltos de convicciones, se convierte en dudas que se aferran a la criteriosa razón, la misma que por temor nos pide ser cautos en nuestras ilusiones; que bajemos las ambiciones a propósitos alcanzables; que planifiquemos todo al detalle; o dicho de otra manera, que pactemos seguridad y control, renunciando la original y pionera travesía, que en un principio inspirador, le dio vida a nuestro sueño.

Es así que por falta de reservas y una desmesurada confianza en el otro, abrimos la boca sin estar preparados a rechazar los celos y la envidia, y entonces nuestras metas pasan a ser fantasías utópicas, que devienen en una agónica frustración, al anclarnos en nuestra realidad. Una realidad concreta y rutinaria; la misma que por hastío y desidia pretendemos alterar.

Y justamente por esas indeseables influencias y temores gratuitos, dejamos a un lado ese hermoso desafío que al principio supo ser inspirador, abandonando la gesta de crear un puente distinto, que nos ubique en terrenos vírgenes de exploración, al descubrimiento de nuevas capacidades y prodigiosos talentos, que portamos sin saberlo.

Me costó mucho sostener grandes sueños. Por esos años pactaba previsibilidad, enfocándome en metas cortas y realizables, que por supuesto comentaba tranquilo y a resguardo de las críticas desfavorables, que todo lo intentan arrasar.

Eran tan simples de cumplir que al poco tiempo, comenzaron a formar parte de la rutina diaria; del hastío cotidiano, reflotando la desidia que alguna vez, creí desterrar.

Supe entonces que el tamaño de nuestros sueños, es muy importante. Cuanto más grande es el desafío que nos proponemos, mayor será el aprendizaje que obtengamos de él; sorteando múltiples escollos que templarán nuestra estima de forma favorable; consolidando la confianza para los nuevos retos que se abran a cada paso, hacia el gran objetivo que anhelamos conquistar.

Y otra vez me pregunté ¿Cuál es el sueño más grande que deseo alcanzar? Y ahora sí, me encontré preparado. Maduré la templanza; incrementé las defensas; fortalecí convicciones y gradué la confianza hacia otros, obteniendo así el talento que la reserva te brinda al saber aquietar la ansiedad, y guardar silencio.

El mismo silencio claro, para mis adentros, que le permitió a este gran sueño, crecer ambicioso, sin prejuicios ni preconceptos, siendo guía y rector de mis actos, para poderlo al fin alcanzar.


  • No hay resistencia que dure por siempre

    Cuando una realidad nos resulta molesta y fastidiosa, tendemos a negarla sin demasiados argumentos, creyendo de esta manera, haber resuelto el conflicto que nos causa.

Es un atajo fácil que de vez en cuando todos transitamos; una medida extrema de autoprotección, tan común en nuestras prácticas cotidianas, que impulsamos automáticamente frente a la ausencia de respuestas, y ante hechos que nos provocan un fuerte rechazo.

Hace poco con mi familia, nos tomamos unos días de descanso en la costa, fueron de mucho disfrute y placer y nos sirvió a todos para renovar energías, y retomar camino en las diversas rutinas cotidianas, mucho más frescos y relajados.

Lucas y Stéfano de 11 y 6 años respectivamente, hicieron uso y abuso de su inagotable energía, construyendo complejos castillos de arena, correteando incansablemente por los médanos, o enfrentando a las olas una y otra vez, durante todo el día. Confieso que solo al verlos, me provocaba una agradable sensación de cansancio y felicidad. Mayor atención requirió Giuliano, con apenas un añito y dando sus primeros pasos por la playa, feliz del enorme espacio para jugar, que la costa le brindaba.

Mi esposa es, ante todo, una profesional exitosa, compañera inigualable y madre excepcional. Realmente es merecedora de estos atributos y varios más, que por obvias razones tan sólo en la intimidad le profeso, sin embargo tiene, como todos tenemos, su pequeña negación: le encanta fumar, y no puede aceptar plenamente, el daño que el tabaco provoca.

Mis hijos, en los trayectos en automóvil de esta corta salida vacacional, la fastidiaron bastante al respecto, y la pusieron de mal humor, al hacerle comentarios como: "Mamá no fumes; te hace mal; el cigarrillo mata; dejá esa porquería mamá, que el humo nos molesta a todos".

La crítica familiar ante esa costumbre nociva ciertamente la angustió, y es que todavía no pudo resolver esta licencia insalubre, y activó sin argumentos su defensa, llamándose a silencio en cada comentario de sus hijos. También es justo decir, que los tiempos del "Darnos cuenta" son íntimos y personales, y no se ajustan al momento que los terceros, nos pretenden imponer. Incluso estas recriminaciones pueden generar una mayor intransigencia en la persona, cerrándole aún más el paso, al encuentro de soluciones.

A Dios gracias sabemos, que no hay resistencia que dure por siempre.

En algún momento, la tensión que nos provoca la falta de respuestas frente a estas circunstancias, se disipa; la luz se abre paso en la incertidumbre para mostrarnos caminos resolutivos de dicha situación, y la aceptación de la realidad, entra como agua que cura, como viento que asienta en el pasado, el peso de los conflictos, que hasta ese "Darse cuenta" no pudimos resolver.

Resulta clave e imprescindible, el trabajar la aceptación de todo aquello que acontece en nuestras vidas, sin excepción. Como punto más importante, hacerlo sobre aquellas situaciones que nos provoca dolor e impotencia, ya que para modificarlas, y como primer paso a dar en este tipo de desafíos, es necesario verlas en su auténtica dimensión, tal cual es, en todos sus detalles.

Se perfectamente y por propia experiencia, que Andrea resolverá a sus tiempos, este dilema. Sólo es cuestión que ella misma, se dé el espacio íntimo y personal, para poder resolverlo.

De la misma forma todos contamos con esta enorme posibilidad, de liberarnos de conductas nocivas, ataduras asfixiantes, situaciones incómodas, o el dolor que en el pasado nos encierra, las pérdidas irreparables.

Trabajando la aceptación de los hechos, asistimos e impulsamos la gestación de ese primer paso tan importante para superar cualquier trance: Ver la realidad en su plena extensión, iluminando así, el camino que nos conduzca, a una nueva realidad.


  • Infarto emocional: ¿Es posible morir, y renacer de nuevo?

    Mi pareja me engaña - Me echaron del trabajo - La relación se rompió - La enfermedad, es terminal - Le fui infiel, y la perdí para siempre - La persona que amo, ha fallecido.

Estas son algunas de las causas límites, que al momento de vivenciarlas nos conmocionan de manera profunda, al punto de provocarnos un "Infarto emocional".

Este "desgarro psico-afectivo" nos voltea en lo espiritual, muriendo sentimentalmente en esa relación que se rompió, con nuestro trabajo, pareja, amistad o familiar. Y como todo desgarro el dolor es profundo, incontenible, de las entrañas. Las lágrimas que depuran la aflicción, abren grietas profundas en nuestro campo emocional, esas mismas lágrimas que a modo de descarga, descomprimen y alivian el peso de la pérdida.

Indudablemente entramos en terapia intensiva, donde amplificamos negativamente todo, provocando bajones anímicos desgastantes. Estuvimos tan confluenciados en esa relación que al fragmentarse, la sentimos como si nos arrancaran una parte del cuerpo, y en cierta forma así resulta: nos removieron un pedazo de nuestro mundo emocional, y vivenciamos entonces, el dolor de su ausencia.

En estas circunstancias corremos el peligro de sucumbir en un "coma emocional", colgados de recuerdos distorsionando la realidad; apegados a ese afecto que ya fue, sin voluntad de soltarlo; temerosos de mirar nuestro presente, deseando tan solo dormir a la espera de encontrar en sueños, un pasado que ya no existe.

¿Cuántas personas de nuestro entorno se encuentran en este trance?, ¿Cuántos de nosotros que leemos estas líneas, estamos recorriendo este doloroso camino?

Ciertamente somos capaces de recobrarnos de un infarto emocional. No es un anhelo fantasioso, ni una expresión de deseos, es una verdad contundente y realizable que requiere eso sí, de tres acciones personales:

1) Soltar el dolor del pasado, sin perder la memoria de los hechos

2) Sanar el presente, con acciones sostenidas en nuestro deseo de vivir en equilibrio

3) Proyectar a futuro una nueva vida, un nuevo tiempo

Cabe aquí la pregunta del millón: ¿Cómo hacerlo?

Muchos son los caminos, pero uno solo es el nuestro.

El olvido o negación de los hechos no ayuda a realizar el "duelo", que toda pérdida requiere para comprenderla y aceptarla. De nada sirve evitarlo o distraernos. Es literalmente posible recordar sin dolor, desde el momento exacto en que comprendemos a esa vivencia en particular, y la canalizamos como experiencia de vida. Encerrarnos por temor a que se repita la historia, o aferrarnos a recuerdos que nos sustraen de la realidad, tampoco ayuda a una recuperación armoniosa. Por el contrario estas actitudes nos debilitan aún mas, conservándonos en "terapia intensiva emocional".

El proceso de asumir una pérdida afectiva y sanar en el intento, es en definitiva un camino único e intransferible, y cada uno de nosotros contamos con un tiempo personal y exclusivo para superarlo.

Claro está, los primeros pasos del "tratamiento" son costosos: no encontramos el ánimo suficiente; sentimos el cuerpo pesado y doliente y en ocasiones, nos aferramos a otra persona para cubrir el vacío al igual que un "respirador", que nos brinda el aliento necesario para seguir viviendo. Estos paliativos ciertamente ayudan, aunque convengamos que nunca son suficientes para sanarnos.

A sabiendas de todo esto, la primera acción que tomamos es clave para el siguiente recorrido. El deseo de vivir en equilibrio, se consolida a través de la fuerza y constancia que le imprimamos al primer paso. Es fundamental el convencimiento racional de saber que "se puede", para luego internalizarlo emocionalmente.

Si, así es. Se puede emprender el camino de la sanación. Cuento con innumerables ejemplos personales, y de otros que me han compartido estos hechos a lo largo de los años, confirmando que es viable transformar el dolor, en experiencia. ¡Muchos lo hemos logrado!

Hace falta estimular nuestra fuerza interna; provocar el despertar de conciencia que reviva nuestros sentidos; avivar el fuego que nos anima a la vida y nos provoca el discernimiento necesario para darnos cuenta que:

"Es posible morir, y renacer de nuevo".
  • Los 10 mandamientos, o las 10 reglas de Oro para un verdadero desarrollo espiritual.

    A lo largo de la vida comprendí, que cada creencia espiritual atesora una parte de la Verdad. En el mismo sentido supimos que a través de los dogmas, se enseñaba antiguamente a los pueblos, sobre cuestiones básicas de la vida cotidiana como por ejemplo, la higiene personal.

De este modo vemos: el rito de lavarse las manos; las restricciones sexuales o de ciertos alimentos, que provocaban enfermedades bien conocidas en aquellos tiempos, incorporando estos mandatos en ciertos rituales dogmáticos para obligar su aceptación, obteniendo aquél que no las cumpliera, algún castigo terrible ideado ciertamente, por los hombres que detentaban el poder religioso.

Fue en este hilo de pensamiento donde comencé a vislumbrar desde una temprana adolescencia, las diferencias que sostengo con estos detalles dogmáticos, y pude explicarme en este punto el porqué tomo enseñanzas de todos, pero no me suscribo a ninguno en lo particular.

Tomo como premisas principales al reflexionar públicamente, el manifestar la igualdad de oportunidades, desde la emisión en positivo en el uso de la palabra, sin utilizar la violenta coacción que en estos textos sagrados encontré y que en la antiguedad utilizaban, para asegurar el cumplimiento de los postulados.

Hoy a Dios gracias, si bien persisten estas conductas coercitivas, existen otras maneras para adquirir actitudes saludables y que nos asisten a ser mejores personas, tomando cada vez mayor fuerza en las distintas culturas del mundo.

Justamente por no aceptar los dogmas como verdades completas me atreví a formular diez conceptos, como parte de mis creencias personales, tomando como base las enseñanzas antiguas que nos brindaron en los 10 mandamientos, teniendo en claro que de no cumplir con los mismos, nada que yo no quiera, ocurrirá:

1. - Busca en tí la Verdad, descubre en tu templo interno la esencia divina que anima tus actos. Al comprenderlo aceptas que eres parte del Dios Universal. ámalo por sobre todas las cosas, aprendiendo entonces, a amarte a ti mismo.

2. - Habla con tu corazón. Limpia las impurezas de tus emociones y entrégate a la Verdad que en ti mora, cada vez que ofrezcas tu palabra.

3. - Celebra periódicamente al Amor que da vida a tus relaciones afectivas. Demuestra tus buenos sentimientos cada vez que tengas la oportunidad.

4. - Honra a tus maestros, aplica en tu vida las enseñanzas que otros te han ofrecido enseñando con el ejemplo.

5. - Conserva y protege tu vida y la de tu prójimo, siempre y sin excepción.

6. - Purifica tus actos a través del Amor Universal, de manera irrestricta e incondicional.

7. - Valora tus dones. Eres el dueño únicamente de tus creencias, pensar y sentir, y responsable de todos los actos que manifiestes. Son éstas tus únicas pertenencias.

8. - Observa únicamente tu vida. La verdad engrandece tu obra, sé genuino a través de ella construyendo tu presente. Tienes derecho a juzgar nada más que tus acciones.

9. - Incorpora el Amor a tus relaciones sexuales. Despierta tu divina esencia en cada íntimo encuentro, siendo actor relevante en el proceso de creación universal.

10. - Encuentra discernimiento en el camino interno y a través del amor, libérate para ello de toda restricción, falta o necesidad. Se pleno en comunión con tu Dios interno.

Espero aporte luz a tu presente, y complemente en estas fiestas, a tu trabajo de introspección personal, encontrando tus propias verdades en estos conceptos, y alcanzando de esta forma un próspero equilibrio personal.


  • ¿Cuál es el punto límite de nuestra tolerancia?

    Las reacciones posteriores al cruzar nuestro límite de tolerancia, son variadas y diversas, y pueden incluso estimularnos a concretar acciones que luego de consumadas, nos hagan sentir arrepentidos.

Como seres sociales requerimos para un buen desempeño general, reglas de juego que no afecten, violenten o provoquen rechazo al proceso cotidiano de cada uno, en interacción con nuestro entorno.

Podemos descubrir a diario, que cada quién maneja variables propias para medir su tolerancia, planteando diversas técnicas o pensamientos sobre como desanudar el así llamado "Punto límite" personal.

En este sentido afirmamos sin temor a equivocarnos que la tolerancia, no soporta medición general, y es a partir de aquí que te comparto esta mirada, al respecto de su punto límite.

La tolerancia como actitud de respeto hacia lo diferente, es propia del ser humano, viene incorporada en nuestra memoria colectiva social, como el soporte necesario para un desenvolvimiento comunitario en equilibro.

Y digo bien en equilibrio ya que la baja tolerancia, o en su extremo la excesiva, nos enferma. Nos impide discernir sobre aspectos de otros que no aceptamos o en su defecto, nos acostumbramos sumisamente a callar y soportar personas y situaciones que a la larga, nos contaminan e intoxican de manera literal.

Como ejemplos adversos vemos la gran capacidad de tolerancia al alcohol que muchos sufren, o al maltrato físico o psicológico de tantas personas, que terminan siendo víctimas de abusos aberrantes.

Más evidente en estos días es, la baja tolerancia al respecto de aquél que piensa distinto, y que provoca acciones represivas y manipuladoras para callarlo, convirtiendo a unos en sometidos, y a otros en totalitarios.

Tomamos conciencia entonces que, la tolerancia es parte de nuestro aprendizaje de vida. A través de ella nos confrontamos con lo diferente; este choque de personalidades nos abre un interrogante y nos coloca ante un desafío: ¿Qué hacemos frente a aquello que no compartimos en pensamiento, sentimiento o creencia?

El punto límite de la tolerancia; ese momento donde no aguantamos más esa diferencia y concretamos una acción directa, nos deja a grandes rasgos, dos caminos a seguir:

- El rechazo y sus variables (represión, evasión, sumisión, ira, violencia, negación, etc.)

- La aceptación, trayendo a nuestra vida discernimiento, comprensión, liberación, verdad, Amor, etc.

En este último punto queda claro que dicha aceptación, no nos obliga a pensar, sentir o creer en aquello que el otro sostiene. Simplemente reconocemos a esa manera de ver la vida, como una verdad más, en el mundo diverso que todos compartimos.

Es obvio que en aquellas situaciones donde el "punto límite" se encuentra por violencia o agresión hacia nuestra persona, no nos exige aceptarlo sin que hagamos nada al respecto.

El entendimiento y comprensión de formas enfermas o distorsionadas de ver la vida (ya sea al terrorista extremista, violador, asesino, etc.) no nos pide que respondamos con la misma moneda. Nos habilita para protegernos como individuos y/o grupo social de manera civilizada para sanar, y nunca para vengarnos.

La venganza nos emparenta con aquél que hizo daño; nos despierta las más bajas miserias que habitan en nuestro ser interno, y nos convierte justamente en aquello que nos provocó tal rechazo.

Es entonces la tolerancia, un primer paso a recorrer en esta gran aldea global, que nos plantea en sus puntos límites la enorme posibilidad de crecer, obtener discernimiento, y sanar nuestras miserias internas en función de comprender la diferencia, esta maravillosa capacidad que nos alimenta y enriquece como individuos dispuestos a lograr, la tan ansiada trascendencia.

Revisemos entonces las reacciones hacia aquello que nos empuja al punto límite, reflexionando.

Llegaremos así a comprender a esa verdad que no compartimos, como la de otro, una más de las tantas verdades que conforman el abanico multicultural, enfocando entonces la mirada en nuestros propios pasos, y aligerando el verdadero y exclusivo camino, de evolución personal.


  • Así no lo quiero,,, ¡Y así tampoco!

    La falta de compromiso afectivo es directamente proporcional, al temor de ser rechazados.

Si al darnos cuenta que la tendencia de nuestros actos, nos inclina excesivamente hacia el culto de la imagen; la búsqueda del placer exprés; o la práctica del Touch & Go como píldoras mágicas de la felicidad que pretendemos conseguir, sabremos entonces que algo importante, estamos evitando.

Cuando nos lanzamos a lograr hábitos profundos de bienestar emocional en nuestras relaciones, y vemos que el tiempo pasa, sin alterar la situación que nos supo ver al inicio de esta tarea, en vez de prestar atención a los hechos que boicotean el cambio, nos dejamos vencer, y permitimos que la ansiedad socave nuestros ánimos por la demora de resultados, transformando el deseo en obsesión.

Es en este punto cuando evitamos modificar ciertas conductas y actitudes, que se niegan a liberarnos del impulso a manipular al otro, implícito en nuestro deseo de sentirnos correspondidos "como queremos", decretando ciegamente el cambio que buscamos: "Voy a tenerlo como quiero, cueste lo que cueste", o por el contrario, abandonando la búsqueda y entregándonos al placer esporádico.

Resulta por demás interesante, observar la capacidad de cegarnos ante la realidad, cuando esta no resulta como la pensamos. El desafío que implica doblegar a las trampas que el ego nos coloca, se torna tan insoportable que, en determinado momento, nos volcamos a lo rápido y fácil, comprendiendo erróneamente a este estilo de vida, como el mejor camino a seguir.

Tal es así que, creemos imaginariamente que al evadirnos y negar los resultados, se desvanece nuestro anhelo de ser aceptados y con ello, disolvemos mágicamente el motivo que nos perturba.

Federico de 27 años, comenta que: "no es un valor inculcado con fuerza en la sociedad. Cada vez hay menos costumbre de construir familia, y escasean las parejas exitosas que perduren en el tiempo para servirnos de ejemplo, además la mayoría de las pibas están en cualquiera".

Por su parte Florencia, con sus jóvenes 25 años y mamá soltera de una hermosa niña de 3 nos confiesa que: "Los tipos solo quieren divertirse, y nosotras sí queremos compromiso, pero buscamos al príncipe azul, y el príncipe azul no existe. El "toco y me voy" en cierta forma es seguro, si me gustó el chico posiblemente me vuelva a encontrar, otra vez con él".

Por lo expuesto, podemos tener una idea de cuáles son, las pautas a seguir de nuestro competitivo y mediático mundo, en materia de relaciones afectivas.

Bien decimos que ante la adversidad, actuamos protegiendo nuestra integridad psicofísica. Y por lo visto la evasión de los hechos, y aceptación de las reglas de juego que priman en nuestro entorno social, resultan ser las actitudes más protectoras comunes de utilizar.

¿Cómo enfrentar el desafío de lograr un compromiso afectivo constante, sin tomar en cuenta todos los detalles? Es aquí, donde chocamos con nuestras pretensiones ante el muro de lo previsible, y efectivamente nos damos de cabeza ante la realidad que no deseamos aceptar hasta que, logramos al fin comprender ciertas pautas:

La experiencia de otros, si bien nos vale de ejemplo, no es automáticamente aplicable en nuestra vida.

No existe la persona perfecta que complazca nuestros deseos, nadie reacciona como pretendemos sino, como son en realidad.

Si le hacemos caso a nuestros miedos por el motivo que fuere, nunca sabremos si la otra parte nos busca al igual que nosotros, para progresar en la relación. En este sentido, no interesa quién de el primer paso, nuestra actitud a descubrir y manifestar un afecto genuino, es lo más importante.


  • Gracias, por haberme gestado

    Los años `60 fueron sin lugar a dudas, una época de profunda transformación social, con el surgimiento de tendencias culturales que hoy día, aún persisten. Los avances tecnológicos, como la aparición de electrodomésticos que simplificaban enormemente las tareas del hogar, particularmente la televisión, comenzaban a conquistar los senos familiares, trayendo consigo ideas revolucionarias de otras latitudes, e irrumpiendo con mucha fuerza y rapidez, el concepto de Aldea Global, que hoy muy bien conocemos y dominamos.

En los jóvenes había prendido con vigor, la necesidad de romper con los mandatos sociales y familiares, provocando el advenimiento de una "razón de ser" distinta, y forjando en cada acción juvenil, una nueva identidad.

El aborto, si bien continuaba siendo un tema tabú para la sociedad en general, era una práctica usual que no se discutía públicamente. Por aquél entonces la cultura preventiva no existía, y se recurría en el mayor de los secretos, a "eliminar el problema" a través de esta práctica.

Elvira, una joven ama de casa y madre de dos niños de 11 y 5 años, había quedado otra vez, embarazada. Fue una gran sorpresa ya que luego del último parto, los médicos que la atendieron le aseguraron con fundamentos científicos que esto, no podría ocurrir.

- Ay Elvira ¿Cómo vas a hacer con tres chicos? Mirá el trabajo que te causa los otros dos ¡Vas a terminar hecha una loca!, le dijo su madre, una dura mujer italiana que se vino con su marido en tiempos de preguerra a "Hacer la América", siendo de gran influencia en las decisiones de todos los integrantes, que habitaban en esa antigua casa.

- Lo mejor, es que no lo tengas – sentenció.

Resultó difícil para Elvira lidiar con ese mandato, incluso su hermano mayor, que vivía con la esposa y sus hijas, en el departamento del fondo de esa enorme casa, le expresaba, enviado discretamente por la madre de ambos, las complicaciones que iban a surgir si daba a luz a ese bebé.

El marido de Elvira se negaba a interrumpir el embarazo pero no podía expresarlo públicamente, la palabra de su suegra tenía por aquél entonces un peso singular, casi sagrado, y nadie podía contradecirla fácilmente.

Es cierto, ese embarazo fue un imprevisto jamás pensado y en apariencias, complicaba aún más la vida de toda la familia. Elvira se debatía internamente, entre las razones que los demás intentaban imponerle y su fuerte instinto materno, sin saber qué camino tomar.

- Amiga querida no hagas lo que te dicen. Por favor tenelo, vas a ver que ese niño será, quien te acompañe en la vejez -.

En el medio de profundas tribulaciones que aquejaban el pensamiento de esta joven madre, recibió este consejo de su amiga María, madre de Luisito, compañero del colegio de su hijo mayor. Esas palabras fueron determinantes para que esa valiente mujer, decidiera por sus propios medios, el mejor camino a seguir.

En la actualidad, Elvira tiene 80 años, ya no cuenta con la compañía de su esposo, tampoco su hermano y padres. La vida le deparó duras pruebas que tuvo que transitar amargamente, siendo las más duras e irreparables, la muerte de sus hijos Toni y Lito, a temprana edad.

Solo le quedo yo, tal cual le predijo su amiga, para acompañarla en la vejez.

El 25 de marzo, se festejó internacionalmente el Día del Niño por Nacer, hoy le brindo un homenaje, al valor y coraje que mi madre tuvo, al enfrentar esos mandatos complejos, que en ocasiones tanto nos cuesta superar.

Es por eso que, públicamente te digo gracias mamá, por confiar en el amor, y por haberme gestado.


  • Abrazo de corazones

    "A veces, un abrazo es todo lo que necesitamos", esta fue la frase que inspiró a Juan Mann, quien dio comienzo en Sidney Australia allá por el año 2004, a la reconocida campaña de "Abrazos gratis", que trascendió todas las fronteras convirtiéndose en un ícono del dar y recibir sin condiciones.

El abrazo como saludo de confianza interpersonal, nos acompaña desde los albores de la humanidad. Desde nuestros ancestros homínidos hasta la actualidad, damos por sentado que el mismo, nos otorga una calidez única y especial, mucho más palpable que un simple apretón de manos.

Sabemos que el contacto corporal con otros seres, nos provoca diversas reacciones según nuestro carácter y que van, desde una agradable y cálida sensación de bienestar, recorriendo todo el arco de emociones, hasta el extremo de sentir en ocasiones, un profundo rechazo.

El reconocimiento previo de la otra persona, sumado a la información que recibimos de nuestros sentidos y de aquellas percepciones de las que no sabemos tanto, nos da elementos para prever estas circunstancias y definir el saludo con anticipación, de acuerdo al placer o displacer que pueda causarnos.

Es así entonces, que con determinados individuos la empatía mutua nos garantiza el disfrute de este brevísimo encuentro físico, obteniendo del mismo una cuota de goce que, reorientado correctamente y aprovechado al máximo en todo su potencial, se convierte en una poderosa herramienta interpersonal de transformación.

Está claro que no hablamos de un método científico rigurosamente comprobado en tests de laboratorio, amén de existir numerosos estudios que corroboran ciertos beneficios de esta costumbre popular, podemos afirmar que muchos de los que están leyendo ahora mismo estas líneas, corroboró fehacientemente los efectos benefactores de este cálido saludo, en apenas unos segundos de estrecharse con un ser de nuestra estima mas alta.

Basado entonces en diversas experiencias, desarrollé hace tiempo unos simples pasos a seguir, a modo de técnica de transformación interpersonal llamado: Abrazo de corazones:

1° Adecuar el ambiente: luz, sonidos y aromas relajantes.

2° Tiempo de meditación breve: 3 minutos aproximadamente para equilibrarnos y disminuir la resistencia al contacto próximo a efectuarse.

3° Inicio del abrazo: con un gesto a nuestro compañero/a alertamos de nuestra disposición y comenzamos con el mismo.

4° Es importante abrirnos y entregarnos a la otra parte en plenitud. Resulta clave sostener en nuestro pensamiento, la disposición a ofrendar nuestra paz y reconocimiento de igualdad a quien nos recibe en sus brazos, trasladando imaginariamente esta idea a nuestro corazón, así transformamos a este órgano vital durante este lapso, en el centro emisor - receptor de lo mejor de nosotros, de lo mejor del otro.

5° Es aquí, mientras bajamos y sostenemos estas imágenes fuerza en nuestro centro emocional, donde comenzamos a comprender y sentir gradualmente el ritmo de nuestros latidos, y los de nuestra compañía. Se comienza cada vez más a apreciar emparejados a los mismos, obteniendo la sensación de un solo palpitar.

6° En este punto liberamos empáticamente nuestros deseos de bienestar hacia la persona que estamos abrazando, dándonos inmediata cuenta que el placer entonces se incrementa; la confianza nos relaja y una sensación de bienestar se manifiesta espontáneamente. Es imprescindible permitir el flujo de toda emoción que nos brote, sabiendo que el abrazo que recibimos al igual que el que damos, es contenedor por excelencia y no perjudica al ejercicio, sino todo lo contrario, nos asiste a liberarnos de ataduras emocionales que llevamos dentro, sin resolver.

7° Pasados unos dos o tres minutos, y antes de separarnos del otro, le agradecemos la oportunidad de brindar lo mejor de nosotros, y por lo recibido de nuestro compañero/a en el ejercicio.

Abrazo de corazones, un simple saludo que al prestarle tiempo y dedicación, se transforma en una herramienta de sanación compartida. Espero la disfrutes y compartas.


  • Claudicar en las metas, el camino para lograrlas

    "Retener el enfoque de la meta deseada, en el preciso instante de lograrla". De esta forma vamos creando esta visión anticipada de la realidad. Pero ¿Es realmente efectiva?

Sin lugar a dudas esta metodología nos brinda el éxito tras persistir en la idea, requiriendo como contrapartida de un gran esfuerzo de nuestra parte, para mantener sostenido en todo momento, ese deseo.

Como todos pudimos comprobar, en ocasiones el resultado no llega; la visión no se manifiesta en la realidad, y la frustración debilita nuestros ánimos para continuar persistiendo.

Este es el momento en que nos frustramos y decimos: "No es para mí, no lo voy a lograr, no puedo hacerlo", y como por arte de magia estos nuevos mandatos negativos se transforman inconscientemente, en objetivos a cumplir. Esta es la trampa más común, de la que somos presas en momentos de desconfianza interna.

Ahora bien, hace tiempo desarrollé la teoría del "libre flujo"; te preguntarás ¿Qué es esto? Pues bien, entiendo y acepto cada vez más al libre flujo, como el camino auténtico y por demás equilibrado en materia de evolución personal, aceptando incondicionalmente todo hecho cotidiano que perciba a través de mis sentidos, como correcto y necesario, aún en las ocasiones y vivencias que el "ego se resista a aceptar", o los apegos me impidan superarlas.

En incontables ocasiones llegué a este punto límite, donde la frustración comenzó a tomar vida y las metas se desdibujaron. Fueron esos momentos en que imprimí mandatos negativos (Que siempre se cumplen), producto de la desazón que me embargaba, hasta un día en que, casi con ingenua entrega y espontaneidad, decidí "liberar el desenlace al universo" sin más, derivando la atención a temas u acciones completamente distintos de lo deseado.

En pocas palabras, claudiqué en sostener la "imagen de la meta deseada", poniendo el énfasis en no brindarle carga negativa alguna, o sea no manifestar "mandatos negativos al respecto de este anhelo" simplemente, entregando a los designios divinos, la resolución de ese camino abierto e inconcluso.

Fue a partir de allí, que comencé a sorprenderme de los hechos que a posteriori se sucedían, casi por "arte de magia" se acomodaban las fichas conspirando el Cosmos a mi favor, y brindándome una realidad distinta a la originalmente deseada, pero más favorable y beneficiosa en mi proceso interno de transformación personal. Cada vez experimento con mayor profundidad, el sentido de liberación y desapego con esta práctica.

Por fortuna no me costó reconocer esta arquitectura invisible que a mi favor trabajaba, y prontamente la adopté (sin cuestionarme su ingeniería interna), como método personal exclusivo si así nos lo planteamos, o accesorio y necesario a los ya tradicionales sistemas de enfoques cuando éstos, se niegan a funcionar.

En síntesis: "Cuanto menos deseos sostenemos forzadamente, más beneficios nos encuentran".

Fue así que comprendí, que el futuro es exitosamente irremediable. Las metas más que buscarlas, nos alcanzan a su debido tiempo y lugar, transformadas en lo más justo, perfecto y necesario para nuestras vidas, al momento preciso en que arriban, siempre y cuando abandonemos los apegos, busquemos el equilibrio interno, y nos entreguemos afectivamente sin condiciones.

Es por eso que en estos momentos límites, la clave está en claudicar al enfoque de ellas, entregando al destino su resolución.

Enfoque de metas - Claudicación de la visión deseada: dos herramientas complementarias en nuestras aspiraciones de trascendencia personal.


  • "Transferencia genética emocional" ¿Que entregamos emocionalmente al momento de la concepción?

    Imagina que al momento de concebir una nueva vida, además de brindarle rasgos físicos particulares al nuevo ser, le trasladamos hereditariamente nuestro saber emotivo. Pues bien, estoy convencido que esto ocurre, conociendo a este evento como "Transferencia genética emocional".

A partir del instante previo a la concepción de un nuevo ser; se imprime en el mismo con mayor o menor intensidad, un registro emocional que pasará a integrar nuestro juicio innato, y que nos acompañará por el resto de nuestros días, enriqueciéndonos, o en su defecto cubriendo a esta sapiencia primaria emocional, con cierto caos energético, transformándose así en un nuevo desafío a vencer por parte de la criatura, que está por gestarse.

Se, que algunos se preguntarán y con razón: ¿Cómo puede influenciar emocionalmente a un futuro bebé, los momentos previos a su concepción?

Pues bien, las personas somos permeables en todo sentido: de manera racional a través de los conocimientos que vamos incorporando; a nivel espiritual por las creencias religiosas en las que somos criados, y emocionalmente por los afectos que deseamos dar y recibir en mayor o menor medida por parte de nuestro entorno más cercano.

Esto da cuenta de nosotros, del afecto y conocimiento que incorporamos cotidianamente, definiendo momento a momento, quienes somos en realidad.

Y somos, a mi entender, el discernimiento obtenido y aceptado, a través de la suma de todas nuestras vivencias previas, al tiempo presente en que respondemos este cuestionamiento personal.

Y justamente el momento previo de nuestra creación; reconocerá las emociones de nuestros progenitores, siendo la resultante de esa unión, impresa a fuego en las partes emocionales que conformarán, al todo que ahora somos.

Deducimos entonces que, la herencia genética que todos los seres de la creación transferimos a nuestra descendencia, esa misma que, por ejemplo, nos definirá si portamos un determinado color de piel, ojos, cabello, altura etc., aportará además el ingrediente emocional único e inigualable que nos caracteriza, una carga energética extra que será unida indisolublemente a nuestro saber innato.

Entiendo así que, nuestra base emocional se nutrió principalmente por la carga amorosa que cada uno de nuestros padres ofreció a voluntad, en el encuentro sexual previo a nuestra concepción.

Esa energía única forma parte de nuestra personalidad y nos condiciona en las formas que adoptamos para entender la vida y sus circunstancias. Nos ofrece la enorme posibilidad de facilitarnos la tarea en nuestro cotidiano vivir, o por el contrario nos impone cierta complejidad en los desafíos a vencer, haciendo más complejo el día a día.

Se desprende entonces que, las herramientas psico-afectivas que le damos a nuestros hijos serán más favorables, si tomamos en cuenta el revalorizar los afectos en las relaciones, tomando conciencia del amor que somos capaces de crear de a dos, y dejando en claro que el placer efímero es justamente eso, efímero, e incluso al finalizar se transforma en vacío frustrante...

El registro afectivo de dos personas, en el íntimo encuentro sexual, pasa a ser entonces un elemento clave para tomar en cuenta a la hora de programar nuestra descendencia, los mismos sentimientos individuales de ambos padres que se confluenciará en un todo original, único e irrepetible, culminando así la creación del nuevo ser, a partir de este íntimo, y exclusivo encuentro.


  • El guardián del Templo

    "Alimenta a todo aquel, que traspase la puerta principal", esta fue, desde el origen de los tiempos, la única orden que el cocinero del Templo debió acatar.

En realidad en este reino, todos los de su profesión tenían a esta Ley, como el único objetivo de vida.

Cada quien en su respectivo lugar, sin capacidad de pensar o imaginar algo distinto; sin tener proyectos propios; sin poder discernir entre el bien y el mal; impedido de realizar otro acto más allá de:

"Alimentar a todo aquel, que traspase la puerta principal".

Claro que el ingreso a los templos del reino, no estaba permitido a cualquiera que se le ocurriese visitarlos.

En las fortificaciones de mayor riqueza, los custodios del acceso principal eran sumamente estrictos con los peregrinos y realizaban una minuciosa selección, descartando a quienes consideraban perjudiciales y manteniendo así, a salvo el sitio.

Otros en cambio, no contaban con la misma fortuna, y los encargados de proteger al Santuario se dormían en sus puestos de guardia; o se divertían en alguna conversación mediática mientras ciertos indeseables, se deslizaban por las ventanas laterales, furtivamente.

Y en aquellos sitios de mayor pobreza sus guardianes literalmente no cumplían la función encomendada, la habían olvidado; permitiendo irrumpir en el Templo, a todo aquél que se acercara a sus puertas.

Grandes males causaban estos ultrajes. El cocinero como era de esperar, alimentaba por igual al justo y al truhán.

Se avenían en la misma mesa, aquellos que abrazaban a la Paz, la Justicia y el Amor como ideales de vida, junto a los miserables que destilaban rencor, envidia, y odio, obedeciendo así, cada uno de ellos, a su específica naturaleza...

En estos encuentros tan dispares, tensos debates se encendían mientras el cocinero, alimentaba a todos por igual.

La particularidad en estas confluencias era que, aquél que perdía su batalla discursiva era expulsado al exilio o simplemente, desaparecía en el aire cual eximio truco de magia, confeccionado por el Señor de todos los súbditos de aquel reino, mientras el Guardián hacia su labor como podía, y el cocinero como siempre, alimentaba a todo aquel, que allí ingrese.

Esta no es una historia ficticia, si así lo creíste en el transcurso de su lectura.

Este es precisamente tu actual presente, el mío, y el de todos los presentes que aquí habitamos.

Sos vos, el guardián exclusivo de tu Templo Interno.

Nadie más ostenta dicha responsabilidad.

Sos vos, quién toma la decisión de permitirle el ingreso a quien quieras, a tu Intima Realidad:

Si son miserias o virtudes, a tu Cocinero interno poco le importa, alimentará a todos por igual, porque esa es su única comanda en la Vida.

Ahora te pregunto:
¿Sabés fehacientemente a quien le permitís, el ingreso a tu Templo Interior?

¿Cuántas veces triunfó en el debate alguna miseria y actuaste en consecuencia, y cuántas una Virtud?

Si contás con el discernimiento suficiente para diferenciar a grandes rasgos el bien del mal, ¿Cuántas veces lo olvidaste o negaste, para permitir el acceso a impulsos destructivos lastimando a otros, o a vos mismo?

Como ejercicio te propongo lo siguiente:

Buscar las virtudes que en tu interior se encuentren.

Llenar de valores a tu vida, y despedir afuera a las desgracias.

Lograr y disfrutar si así lo deseás, todas las riquezas espirituales, que tantos beneficios nos traen, y te has propuesto conseguir.


  • Educación Emocional, ¿Para cuándo en las escuelas?

    A pesar del notorio declive que venimos observando en el sistema educativo, podemos afirmar que los métodos de enseñanza tradicionales están normalizados, y las distintas políticas que lo regulan, tienden cada vez más, a modernizarse.

La evolución espiritual, que comenzó hace miles de años producto del temor a lo desconocido, devino en innumerables credos y dogmas que a la fecha, posibilitan a sus fieles en todo el mundo, adoptar múltiples creencias dogmáticas pero:

¿Cuál es la institución pedagógica, que nos enseña metódicamente a reconocer nuestras emociones, entender nuestros sentimientos y comprender en consecuencia nuestra diversidad afectiva?, ciertamente ninguna, en este punto estamos a la deriva.

La necesidad de comprender aquello que nos pasa afectivamente, es vital para un equilibrado desenvolvimiento personal en toda sociedad.

Asimilar pérdidas personales; comprender las angustias a partir de su origen, o percibir a los intentos fallidos en alcanzar objetivos, como experiencias valiosas en nuestro aprendizaje diario, son temas abordados aisladamente por diversas terapias, que aportan sus métodos de reconocimiento emocional, para favorecer a nuestra supervivencia y desarrollo afectivo.

Estamos en el tiempo correcto para abrir el debate que propicie la enseñanza emocional en las instituciones formativas; que agrupe y reúna los distintos conocimientos que hoy por hoy se encuentran dispersos y desorganizados entre sí, como el complemento ideal en el sistema educativo de toda sociedad, favoreciendo la evolución de seres además de racionales y creyentes, emocionalmente inteligentes.

Cada ser humano se transforma obligadamente en su propio maestro sentimental. A fuerza de golpes aprendemos sobre nuestros sentimientos y en la mayoría de los casos, lo hacemos mal y nos hundimos en la depresión o respondemos con la misma moneda al daño afectivo recibido, repicando cíclicamente entre rencores, angustias y soledades.

Si a esta orfandad, que se produce en la asistencia para comprender las particularidades del mundo emocional que requieren principalmente los niños en sus primeros años de vida, le sumamos la poderosa influencia de producciones mediáticas como la de Showmatch, que trastoca los valores sociales colocando en los primeros lugares a lo banal y chabacano, estaremos siendo testigos cómplices, de una degradación social, muy difícil de revertir.

Sabemos que resulta básico para nuestro diario vivir, aprender a leer y escribir, sumar y restar. La inmensa mayoría de las personas, adoptan una creencia religiosa donde apoyar su fe y esperanza de trascendencia, pero educativamente estamos al descubierto en las cuestiones del corazón, más allá de nuestros esfuerzos personales por comprenderlas.

Entiendo que estamos en un momento ideal, para comenzar a discutir la incorporación en el sistema de enseñanza, de la educación emocional, como agregado indispensable en la formación integral de todo individuo.

Sabemos que, para que forme parte de una política de estado, es necesario que la idea se expanda, proponiendo el debate y realzando las particularidades de cada cultura regional.

El hogar sin lugar a dudas es el espacio ideal para comenzar a aprender y asimilar conductas saludables y entre ellas, aprendizaje emocional. Claro que la realidad nos muestra algo distinto por múltiples factores, y es en este punto donde podemos tomar como sociedad, cartas en el asunto desde el espacio educativo.

Bajo este concepto, ciertamente estaremos transformando el actual sistema de formación, partiendo de la premisa de un desarrollo integral del ser humano, y no simplemente desde el aspecto intelectual.

Es importante además, discutir sobre las pautas generales que la misma contenga: que respete el libre albedrío; que priorice el pensamiento y emoción de quienes se vean beneficiados con ella; que no juzgue la actitud de nadie, y que promueva el propio, individual y personal "darse cuenta" desde las distintas técnicas de trabajo grupal.

Manifestar nuestra opinión, expresar nuestras ideas y conocimiento planteando la discusión en los distintos ámbitos sociales que frecuentemos, sumará positivamente a los cambios, que nuestro mundo actual necesita.

Educación emocional, para que podamos entender, comprender y valorar a las emociones, en nuestro propio beneficio, y el de toda la sociedad.


  • Completa la frase: A través del amor aprendí…

    Las circunstancias dolorosas intensas, nos suman al cabo de un tiempo, experiencias profundas, que progresivamente se transforman en aprendizajes incorporados a nuestro saber, y favorecen a la toma de decisiones, y los actos que cometemos en el presente.

Nos damos cuenta entonces, que a través del dolor aprendemos, cuando renunciamos a la negación de los hechos que lo ocasionaron; nos entregamos a él, y aceptamos en paz su sabio mensaje.

En este sentido, también es lógico pensar que el amor, además de satisfacciones, nos ofrece enseñanzas valiosas. Claro está que, sucede esto cuando aprendemos a discernir los detalles edificantes que el placer afectivo nos brinda, producto de este noble sentimiento.

En lo personal y a modo de referencia, abracé al amor de forma tardía. Por diversos factores sostuve hasta mi temprana adultez, el mantener a distancia a esta emoción, con la idea errónea de "protegerme de sus vaivenes". En pocas palabras, no alentaba el desarrollo afectivo de mis relaciones personales teniendo como argumento exclusivo, la hipotética posibilidad de lastimarme sentimentalmente.

Creía que un alejamiento prudencial del amor, me protegía, me mantenía a salvo. Hasta cierto punto resultaba, pero con el tiempo supe que perdía mucho más, de lo que había ganado en seguridad personal.

Haciendo referencia al principio de este artículo, mi tiempo de cambio de consciencia, y como a muchos les habrá pasado, fue luego de una intensa relación de pareja que me tomó por sorpresa, al florecer espontáneamente aquello que nunca me había atrevido a experimentar. Era terreno desconocido para mí, entré en pánico y supe cometer todos los errores posibles para boicotearlo. Obviamente el rompimiento fue inevitable y el dolor que sentí, le abrió las puertas a un conocimiento distinto que al final del mismo, me decidí a aceptar.

Una vez que perdemos el miedo y nos entregamos al amor, nos enriquecemos en múltiples sentidos, conformando relaciones sólidas y duraderas. De esta forma descubrimos a este poderoso elemento, como un Gran Maestro de la vida, aportando sabiduría y enseñanzas que, respondiendo a la consigna de este pensamiento, te comparto a continuación:

A través del amor aprendí a ser paciente y tolerante, con las ideas y sentimientos distintos a los míos.

A través del amor aprendí a escuchar, comprender y aceptar al otro en su realidad, por más que no la comparta.

A través del amor aprendí a disfrutar una caminata en paz y tranquilo, como lo hago con mis hijos pequeños, al llevarlo al colegio en las mañanas.

A través del amor aprendí a saborear un buen café, sin azúcar ni edulcorantes; a degustar un postre identificando el afecto con el que fue hecho, a reconocer afectivamente a mi prójimo por sus silencios y sus actos directos.

A través del amor aprendí a entregarme a pleno, sin importar las consecuencias a sabiendas que no existen mayor placer ni felicidad, que el amar sin condiciones, sin esperar nada a cambio.

Ahora con tus propias palabras y en primera persona, te aliento a renovar en este presente los cambios superadores que obtuviste, al igual que las certezas que alcanzaste, reflexionando íntimamente al completar la siguiente frase:

A través del amor aprendí...
  • La llaga en el dedo

    Los argentinos, andamos ligeros por el mundo convencidos de poseer la absoluta verdad; revisamos los eventos de nuestro entorno, y apuntamos equívocos publicando imputaciones a terceros, generalmente sin contar con argumentos tangibles, y en ocasiones, metiendo la nariz sin ser parte activa de los hechos en cuestión.

Como sociedad, nos resulta extremadamente seductor mezclarnos en conflictos de otros, definiendo quienes son los buenos y los malos; abriendo juicios de valor y tomando a la Ley, fuera de contexto en nuestras manos; despreciando la opinión del resto; creyendo ser los únicos dueños de las reglas civiles, morales y de convivencia; definiendo a quién se le destierra al más cruel de los destinos, y a quién se le brinda una nueva oportunidad.

Si hay algo como cuerpo social que nos identifica, mucho más que nuestra pasión por el futbol, la política o el encuentro de los fines de semana, es nuestra enorme facilidad para prejuzgar, y tan popular ha sido su uso, que nos hemos transformados en profesionales del prejuicio.

Según la Real Academia Española, Prejuicio es la acción y efecto de prejuzgar, brindar una opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal. Y Prejuzgar, es el juzgar de las cosas antes del tiempo oportuno, o sin tener de ellas, cabal conocimiento.

Estamos cortos de empatía. Vemos a quien valore distinto la realidad, como un rival a vencer; negando las distintas opiniones; alcanzando fácilmente la agresión verbal y en ocasiones, deformando al otro en enemigo y alzando el puño insensatamente.

El actual presidente uruguayo Pepe Mujica, fue un esclarecido al vernos tal cual somos y recomendarnos "Querernos más"; contamos desde hace décadas con tantas frustraciones en común, que en vez de aprender de ellas las olvidamos pronto, y sistemáticamente las reiteramos.

Al contrario de la imagen egocéntrica que vendemos al exterior, si bien es cierto carecemos de humildad, agudizamos el problema al vaciarnos de amor propio, siendo emocionalmente bajitos y limitados, aspirando a ser reconocidos caprichosamente, como aquellos hombres y mujeres de una sociedad pujante, dinámica y rectora que alguna vez, supimos construir.

Este año nos tendrá políticamente activos. Observo atento el pensamiento de los diversos líderes sociales, y casi todos sin excepción, replican esta amarga conducta.

Motivados por una estrategia electoral, o convencidos de ser los dueños de la razón, recorren los medios enumerando las fallas y errores de los otros; haciendo trizas lo hecho o en el mejor de los casos, reconociendo algún detalle secundario; recalcando la incapacidad de cualquiera de las otras partes para gobernar, y proclamándose como los únicos capaces de recrear, un nuevo y floreciente amanecer.

A diferencia del futbol, nos cuesta demasiado esfuerzo el encontrar talentos entre los líderes sociales; siendo la media de una mediocridad emocional tan grande, que se niegan emparentarse al otro, y los inhabilita para el diálogo en la búsqueda de consensos.

Todavía resuena en la memoria colectiva, los pases de factura que se enrostraron los diversos sectores gubernamentales, durante las tomas de predios del último diciembre. Y mientras se afilaban el dedo para acusarse mutuamente, se acumulaban los muertos, producto de nuestra perversa identidad social.

Ciertamente necesitamos un profundo cambio. Mientras tomo conciencia y hago los míos, anhelo ver, al igual que el resto, a ciudadanos distintos que además de brillar por su oratoria sagaz y afilado conocimiento, sirvan de ejemplo a otros, por su calidez y entrega emocional; la misma que les permita encontrarse en el diálogo con los demás, logrando consensos y restableciendo las bases de un nuevo pacto social, que nos devuelva el vigor, alegría y entusiasmo de ser, orgullosamente argentinos.


  • El poder de la intuición

    Generalmente en estas épocas, acostumbramos a realizar un balance de lo hecho; valorando afectivamente a los acontecimientos que en el último año, resultaron importantes.

Y bien digo: afectivamente, porque cada vivencia nos "resuena" en lo emocional y de manera exclusiva, incluso a contramano de aquello que nos dicta la razón.

Algunas personas le llaman "Intuición", que es la capacidad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de un análisis lógico. Un talento que, bien interpretado, se lo ejercita para nuestro propio beneficio, y el de nuestro entorno.

Por ejemplo, si tu meta fue cambiar de trabajo por diversos motivos: insatisfacción, deseos de progresar en otras áreas, cambio de aire, etc. , y en vez de eso tuviste un aumento salarial que cubrió providencialmente unos gastos extras, asistiéndote en la decisión de quedarte en el mismo lugar... ¿Qué te surge intuitivamente al valorar estos hechos?

Le presto particular importancia a la intuición. El uso cotidiano de esta herramienta, facilita el encuentro con la verdad, en todas las áreas de la vida. Cuánto más se practica y regula, más claridad y enfoque se obtiene en la búsqueda de respuestas.

Me resulta por demás beneficiosa el aplicarla en el proceso de escritura de textos. Siendo mi especialidad el desarrollo personal, procuro que cada reflexión aporte herramientas que provoquen al lector, un despertar de conciencia, una emoción sanadora que avive el conocimiento exacto para asistir a la superación de ese desafío, por el que aspiran certezas.

En base a experimentar, equivocarme y corregir, fui profundizando en ella hasta internalizarla como un hábito cotidiano. Es así que identifiqué diversas actitudes que nos ayudan a mejorar la habilidad intuitiva:

No juzgar, relajar la mente. Es importante diferenciar en nuestra mirada, los preconceptos que tenemos incorporados sobre los distintos tipos de personas o situaciones, y liberarnos de ellos.

Afuera entonces los prejuicios, vaciando la mente de temores y limitantes, y abriéndonos paso a aquellos sentimientos que nos brindan información certera de la realidad en la cual nos enfocamos. La meditación y una actividad creativa, nos facilita el acercamiento a este nuevo contexto.

Ser plenamente concientes de nuestra realidad íntima y externa. Teniendo en cuenta el punto anterior, avanzaremos a nuestro mundo interno para vernos tal cual somos, y una vez allí, realizamos un reconocimiento exhaustivo y limpieza necesaria, de aquellos miedos o fantasías que nos restringen en nuestro desarrollo intuitivo. No teman al hacerlo, puesto que el vernos realmente como somos, resulta extremadamente beneficioso para corregir nuestro camino evolutivo.

Es claro para todos que la Verdad nos libera, en el sentido más amplio que esta antigua máxima nos ofrece. Al confrontar los temores, e identificarlos de manera conciente como una creación ficticia y errónea que boicoteaba nuestros anhelos, dejaremos de relacionarlos con persona o situación alguna; nos daremos cuenta de inmediato cuando aparezcan para no darles cuerpo ni sentido, y de esta forma iremos despejando el camino hacia una "resonancia emocional correcta" en cada situación.

Desarrolla tu imaginación, libera a tu espíritu, desestructura los hábitos cotidianos.En el mismo proceso interno de liberación, comenzamos a romper con las estructuras de pensamiento que delimitaban nuestras acciones, incorporando nuevos modelos de pensamiento y enfoque, obtenidos paulatinamente, y a medida que acrecentamos nuestra intuitiva visión, herramienta creadora de nuevas y mejores realidades.

Comprobación. El paso que afirma toda deducción teórica es sin lugar a dudas, la práctica exitosa. El comprobar nuestros datos intuitivos consolidará nuestra estima al respecto, y perfeccionará cada vez más a este instrumento, como uno de los más importantes, en nuestro trayecto de evolución personal.


  • El primer paso

    Si tuviera que elegir dos preguntas para reflexionar a comienzos de año, optaría por las siguientes:
    ¿Cuáles son mis objetivos más preciados?
    ¿Qué voy a hacer para lograrlos?

Cierto es, que algunos sueños nos persiguen a diario. Emergen como imágenes que se reiteran una y otra vez en nuestra conciencia, y que en la mayoría de los casos esta recreación cíclica, no nos ayuda a descubrir la forma de tomar acción alguna, para concretarlos.

En este punto los deseos sin realizar, nos provoca al igual que las fantasías, evasiones momentáneas de la realidad, en la que disfrutamos débilmente ese momentito, jugando imaginariamente a ser aquella persona que no somos, y que no sabemos cómo alcanzar.

La frustración que sentimos en estas circunstancias, es producto de la falta de atrevimiento a dar un primer paso: tímido, pequeño, incluso torpe o equivocado, pero el primero al fin, para conquistar nuestras metas.

Si hasta aquí nos sentimos identificados con lo expuesto, a no sentirse mal, ya que es muy común que así ocurra. Generalmente no actuamos porque no sabemos bien qué hacer, para encontrarnos con ese deseo persistente en la vida real; nos resulta complejo atinar en la primera acción, para consumar nuestros sueños.

A grandes rasgos, las actitudes que nos juegan en contra para visualizar el camino son:

-La comodidad que nos brinda nuestro "lugar seguro". Ese entorno que conocemos al detalle y donde nos movemos perfectamente bien, y que aunque nos resulten insuficientes las gratificaciones que allí obtenemos, sabemos perfectamente el orden de las cosas y ese sentimiento, nos ofrece una seguridad ficticia que nos cuesta mucho abandonar;

-El temor a los cambios, que nos induce a transformar los sueños en fantasías, sin darnos la posibilidad de realizarlos, embriagándonos de excusas, convenciéndonos que nada positivo resultará de todo ello, y continuando de esta manera el recorrido rutinario que hacemos en nuestra vida, de pocas emociones, pero bajo un estricto control personal.

Al igual que muchos de ustedes, conjeturé durante largo tiempo las mil formas de observarme en una realidad que deseaba pero aún, no había logrado.

Me perdía en sueños evaluando el arranque hacia su encuentro, simplemente por estar cómodo en mi lugar seguro, o retrocedía al entrar en pánico, ante la posibilidad cierta de elevar la apuesta, y transitar una realidad diferente a la conocida…

Claro está, que al igual que las respuestas ante incógnitas que nos surgen, la decisión y el coraje nos encuentra en el tiempo y lugar adecuado, ni antes ni después. Algunos lo adjudican al instinto natural de sobrevivencia, que nos exige actuar rápido para mantenernos con vida, ante circunstancias apremiantes como son en estos tiempos modernos, el cruzar los límites de tolerancia ante una realidad no deseada.

Y es en esta providencia, donde nos damos cuenta que todo paso, sea pequeño, primero, último o grande, depende exclusivamente de nuestra voluntad de querer realizarlo. Es en este punto de inflexión, donde abandonamos la fantasía de pretender que otro lo haga por nosotros, y comenzamos a tomar impulso para derribar el letargo que nos provoca, el vivir en nuestro "lugar seguro", tomando vuelo interno el espíritu conquistador y pionero, que nos refuerza los ánimos de emprender, una nueva travesía.

¿Llegaste conmigo a esta comprensión? Si es así, carece de importancia la forma o el tamaño de ese paso que vas a dar, incluso no resulta importante si al hacerlo lo sentís confuso, o desacertado.

La clave siempre fue, atreverse a dar ese primer paso: tímido, pequeño, incluso torpe o equivocado, pero el primero al fin, para alcanzar tus sueños.


  • Mi secreto para obtener, la libertad financiera.

    Hace años que recibo consultas solicitando asistencia, consejo o guía para alcanzar objetivos de todo tipo: ascensos laborales, liberarse de algún vicio, recuperar un amor o quitarse el dolor de un abandono, vencer temores, bajar de peso etc., infinidad de anhelos que, desde la vivencia del conflicto resultan complejos resolver, pero vistos a cierta distancia, nos damos cuenta de lo simple que resulta solucionarlos.

Ampliando nuestra perspectiva, descubrimos que todo se resume a un cambio en la actitud, Esta pequeña corrección de nuestra idea del mundo, provoca maravillas en nuestro universo personal. Estamos tan sólo a un paso del cambio que buscamos, si corregimos la valoración de la realidad, en la que estamos inmersos.

últimamente vemos que, "Obtener la libertad financiera" es una consigna popularmente utilizada en las múltiples y diversas opciones de negocios multinivel o redes de mercadeo, que de vez en cuando invaden nuestras casillas de mail.

Las mismas actúan psicológicamente, sobre la necesidad socialmente impuesta de contar con bienes de todo tipo, alimentando desde su promoción, a la frustración que nos provoca el "no tener tal o cual cosa", en esta mediática sociedad.

Confieso que no estuve ajeno a esta tentación, varias fueron las invitaciones que recibí, para participar de estas actividades comerciales. La confianza que me brindan mis amistades, hubiera potenciado el acceso a ingresos privilegiados permitiéndome así, sacar provecho de la partida y adquirir bienes de los que ahora, ni siquiera imagino como propios: mansiones en Beverly Hills, yates en el embarcadero de Mónaco, un jet privado en el aeropuerto Charles de Gaulle con tanque lleno para navegar, hacia destinos exóticos...

Sabiendo que estar holgado en las finanzas es importante, profundicé en el debate interno y descubrí que dicho objetivo, es solamente una faceta de la libertad plena por la que transito a diario en mi aquí y ahora, incluso me di cuenta que la mansión, el yate o el jet privado, eran "necesidades impuestas por otros, no mías", cayendo de esta forma el velo, que hasta ahora mantenía oculta la verdad, en mi personal búsqueda de la Felicidad.

En ese punto y despojado de influencias mundanas, pude reflexionar sobre los bienes y actividades que verdaderamente me complacen, y me di cuenta que ninguna de ellas se emparentaba con las mil y una variables de negocios multinivel que me habían acercado amigablemente. No me veía ofreciendo suplementos dietarios, ni productos que asistan a bajar la polución ambiental no, estas no son acciones que me gratifiquen plenamente por más beneficios que a otros les pudiera traer, lo mío es compartir aprendizajes; provocar emociones a terceros a través de reflexiones y, como contrapartida, responder gustoso los correos que a diario llegan a mi casilla de mail.

Te preguntarás entonces, ¿Qué ocurre con los bienes materiales que requerimos en nuestra cotidianeidad?, ¿Cómo obtener los bienes materiales que deseamos, sin anhelar desesperadamente la libertad financiera?

No tengo dudas porque así lo he comprobado, que al simple efecto de expresar un deseo, sentirlo realizado y librar al universo su manifestación, se abre paso el camino que a su tiempo justo y perfecto, nos traerá aquello que estamos necesitando, sin involucrarnos en actividades que no son para nosotros, que no sentimos como propias ni forman parte de nuestro ruta de vida, en la búsqueda de nuestra plena libertad.

Mientras lo reflexionas me retiro de la mansión de Beverly Hills, a poner en condiciones el jet privado, para arribar al aeropuerto de Charles De Gaulle, viajar en limousine a Montecarlo y zarpar en mi lujoso yate, hacia destinos exóticos que, estoy presto a descubrir...


  • Inseguridad machita

    Existe una tradición extendida en la mayoría de las sociedades, en la que el ser humano alcanza la madurez, una vez concretado su debut sexual.

Ciertamente, y en el caso de los hombres en especial, muchos son los que, de manera curiosa, sienten la necesidad de reafirmar reiteradamente su hombría, a lo largo de toda su vida.

Es así como vemos en la actualidad, un sinnúmero de personas que mantienen encuentros sexuales esporádicos, en algunos casos para reafirmar su machismo y en otros, por el mero objeto de obtener un placer momentáneo que al tiempo de alcanzarse nos vacía, y nos vuelve a pedir más.

Comparto profundos debates con un amigo, al respecto de este tema. El afirma que el ser humano es polígamo por naturaleza. Tanto el macho para reafirmar su poder en el clan social, como así también la hembra, al elegir instintivamente al más apto para ser el padre de sus crías.

Confirma su planteo al que incluso adhiere, utilizando como argumento la tendencia enraizada, más en el hombre que en la mujer, de buscar compañía sexual ocasional, y sin compromisos, como vestigio de esa prehistórica conducta.

Lo cierto es que aquí comienza mi contrapunto con mi estimado amigo, y afirmo entonces como contrapartida que existe una fuerza que nos aleja de estas huellas prehistóricas, y que nos mantienen en una adolescencia tardía y permanente.

¿Buscamos como último fin, la supervivencia y sostenimiento de vida de los más aptos?, ¿O nuestro sentido de evolución y trascendencia nos cambió, a través del progreso racional y como mas importante, el desarrollo en el sentir emocional y espiritual?

Ciertamente somos distintos a cualquier especie de la creación. En posturas como la de mi amigo, existe una predisposición de retroceder evolutivamente, a este primitivo estadio humano en particular, sin razón y sin afecto, motivado por el macho inseguro que casi todos llevamos dentro.

El sexo, es la moneda de cambio más común hoy día, para la obtención de cualquier tipo de necesidad personal que queramos satisfacer, incluso mucho más que el dinero.

Vemos entonces que las distintas herramientas de seducción o rituales previos al apareamiento que otrora guardaba objetivos puntuales de reproducción, hoy día son utilizados para conseguir todas las metas posibles de imaginarse.

¿Será que la energía sexual y por consiguiente, el placer obtenido a través de ella es inigualable? Aquí podríamos entonces detener nuestro desarrollo introspectivo y afirmar que el placer que obtenemos a través del orgasmo sexual es claramente, único y excepcional comparado con otras experiencias intensas.

¿Es la búsqueda de este placer intenso, el motivo principal que embriaga nuestra razón, y limita nuestro desarrollo emocional?

Si afirmamos que aquellos valores que nos diferencian del mundo animal son la razón, nuestras emociones y sentido espiritual que a la vida le damos, entonces, ¿Cómo es posible por ejemplo, que definamos una compra, por el instinto primario que nos despierta, los cuerpos sensuales que presentan a un determinado producto?

Este estilo publicitario manipula fibras ancestrales, juega con nuestra vacilación personal y en cierta forma nos toca el orgullo sacando a relucir a nuestro machito inseguro, dispuesto a demostrar al mundo de nuestra condición ficticia de líder alfa; una maniobra muy común hoy día, en los realities como "Bailando por un sueño", que apela a estas provocaciones básicas para captar mayor audiencia.

Ciertamente somos libres de elegir entre el placer intenso y efímero de un encuentro sexual, o elevar la apuesta evolutiva incorporando sentimientos en tales circunstancias.

A mi entender, es esta energía amorosa, la única capaz de brindarle al placer sexual, un nivel superior de sensaciones, mucho mejor que el orgasmo más salvaje jamás logrado por criatura alguna; el disfrute continuo y por sobre todas las cosas, permanente, a posteriori de todo encuentro íntimo sexual.


  • La bicicleta

    A los 8 años recibí la bicicleta de mi hermano Lito, le quedaba pequeña tanto es así, que sus rodillas le tocaban el pecho al pedalear; éste a su vez la obtuvo de Toni, el mayor de los 3 quien me dijo fraternalmente: "Espero la disfrutes tanto, como nosotros".

En aquél entonces mis amigos salían todas las tardes, a hacer carreras y practicar piruetas. Soñaba en ser parte del grupo y disfrutar con ellos "Ya voy a estar con mi propia bici" me decía confiado, y ese verano del ’74, mi sueño al fin se hizo realidad.

Claudio, uno de mis mejores amigos, me dijo intrigado al verme "¡Genial Ricardo!, ¿Ya sabés andar?", "No, recién la saco a la calle y no creo que sea difícil así que, ¡Aprendo mientras estoy con ustedes!", dicho esto me acomodé en el asiento e intenté pedalear como si supiera... A los dos metros me encontré desparramado en el suelo, se asomaron algunas risas por causa de mi torpeza, y me alentaron a intentarlo otra vez y así lo hice... En la segunda oportunidad, fue más corto el tramo que anduve dibujando curvas en el aire, hasta chocarme de cara al piso.

¡Mientras practicás nos vamos a la plaza! me dijeron, y se fueron todos a disfrutar el día.

Como te imaginarás sentí una gran desilusión al fracasar en mi primer ensayo de montar en bici, y entré a mi casa comprendiendo que me iba a costar más de lo pensado el dominarla.

Si algo le ofuscaba a mi vieja, era el aparente alejamiento de la realidad que demostraba, al mirar la tele o leer algún libro o revista. Ella siempre creyó que me sumergía en un trance profundo al disfrutar las películas continuadas de los sábados, o con la "Billiken" que mi abuelo religiosamente me compraba todas las semanas. "Cuéntenme que no escucha, está mirando la tele" les decía displicentemente a mis hermanos creyendo que la caja boba me tenía hipnotizado, sin captar la realidad de mis circunstancias.

"¡Menos mal que no pudo! Si sale con esos locos en bicicleta seguro lo atropellan", decretó hostilmente con ese estilo tan particular que aún hoy la caracteriza, sin un ápice de maldad claro, aunque ignorando el efecto dañino que sus palabras causaban.

Claro está, la rebeldía se asomaba en esos años y al escuchar el comentario mi respuesta no se hizo esperar. A partir de ese momento, confrontando al peso de los mandatos familiares, comencé a practicar durante las horas de la siesta en el patio de mi casa.

"Yo quiero, Yo puedo". Esta frase nació a modo de ritual previo de cada práctica, tenía tan arraigada la imagen del disfrute con mis amigos mientras domaba la máquina, que en pocos días casi sin darme cuenta, dominé el arte del equilibrio en dos ruedas.

El alcanzar cualquier meta que nos propongamos realizar, está íntimamente ligado al convencimiento interno de poder lograrlas.

Los intentos para conseguir dichas metas forman parte de la estrategia, y al contrario de frustrarnos en los que resultan fallidos, aprovechamos a éstos sumando experiencia y acercándonos a la "imagen del logro realizado", que sostiene nuestro entusiasmo en alto, durante todo el trayecto.

Siempre supe que iba a disfrutar con mis amigos de los paseos en bici por el vecindario; siempre "sostuve esta creencia" convencido de lograrla algún día, no me lo cuestioné nunca simplemente sabía que el momento iba a llegar.

El desarrollo de la confianza personal para alcanzar los sueños, nos exige conformar un esquema desde el plano racional, que direccione nuestros actos hacia la concreción de los mismos, y la clave está en la creencia interna que sostengamos de poder o no, realizarlo.

Estimulando la confianza, sembrando entusiasmo en nuestro enfoque del logro obtenido, internalizando el concepto "Yo quiero, Yo puedo", nos abrirá las puertas a niveles de éxito nunca antes imaginados.

"Vos querés, vos podés", esta es la clave.


  • La intención emocional: la clave del éxito de nuestros deseos

    Cientos de libros, impresos y digitales nos alientan a enfocarnos, concentrarnos, programarnos y diagramar nuestros pensamientos, para obtener mejores resultados en aquello objetivos que deseamos alcanzar.

Varios gurúes, coachs y/o escritores (entre los que me incluyo), nos facilitan mil y una recetas de todo tipo y color para mejorar nuestra calidad de vida, en la mayoría de los casos con la ayuda de "decretos enlatados" que en teoría, se manifiestan mágicamente modificando nuestras conductas distorsivas, para tornarlas positivas en nuestro devenir cotidiano.

Estas afirmaciones las usamos literalmente para emparchar nuestra débil autoconfianza, que en un mundo mediático y exigente, hace agua por todos lados.

Nuestro entorno nos reclama atención a diario, para que transformemos nuestra imagen al prototipo colectivo de éxito y Glamour imperante.

Es tal la presión obsesiva que nos atrapa que, por tal insistencia, a la larga o a la corta algún resultado efectivo obtenemos, practicando intensamente el método que mejor se adecue a nuestras características individuales pero, ¿Están de acuerdo conmigo lo tedioso y complejo que resulta la producción de alguien que no somos interiormente, transformando nuestro cuerpo, exigiendo nuestras actividades, o repitiendo infinitas veces: ¡Estoy bien y en equilibrio, la felicidad entra a mi vida, mi alma gemela golpea a mi puerta ahora, oum! Por favor ¡Merecemos un descanso!

Muchos me consultan ¿Cómo evitar la frustración por no lograr lo anhelado?, ¿Cómo ahorrar tiempo en la concreción de nuestros objetivos?, en definitiva, ¿Cómo afinar la puntería al momento de querer realizarnos?

La respuesta es bien simple:

Depurando la "Intención emocional", que da origen a todo acto.

Ahora bien, ¿Me dirás que, no tienes idea sobre cómo hacerlo? Por lo general cuando formulamos un deseo, en la misma acción y al mismo tiempo se activa el "sistema de defensa a lo desconocido", y comenzamos a imaginar o sentir que, ocurrirá lo contrario al pedido efectuado o simplemente, no ocurrirá.

Este es el principal escollo a sortear: "El miedo al cambio", complejo, pero ciertamente posible de superarlo.

Una de las premisas más recomendables para darle pelea a este desafío, es reflexionar sobre los beneficios que el cambio nos brindará, comprendiendo que, de continuar con las mismas actitudes nada nuevo habrá en nuestra vida y de hecho, no tendremos vivencias distintas que la mejoren.

En el mejor de los casos, seguiremos igual que hasta ahora.

Usualmente llegamos a la misma conclusión, al finalizar este ejercicio introspectivo: "Nada se pierde con intentarlo", y allí es el momento en que comienzan a desvanecerse los miedos infundados, y a limpiarse nuestra "Intención emocional" (aquél pensamiento impulsivo que surge cada vez que sentimos deseo de algo), para que no contamine nuestro trabajo con los objetivos prestos a alcanzar.

A partir de ese momento, comienza a desaparecer el auto boicot, y surge un sentimiento positivo ante los cambios que están por venir.

Comienza aquí la tarea de limpiar nuestro mundo emocional, despejando dudas y presiones externas, librándonos de temores inexistentes, y ahuyentando los fantasmas que condicionan nuestra exclusiva construcción de metas a lograr.


  • Placeres tóxicos, ¿Cuál es el tuyo?

    Tendemos a enfocarnos excesivamente en actividades placenteras, que en apariencias nos enriquecen, como parte de una búsqueda en mi opinión equívoca, de la felicidad tan ansiada.

Dedicamos tiempo completo a lograr ese ascenso en el trabajo cueste lo que cueste. Nos ganamos enemistades por ello tomando actitudes en ocasiones ingratas, creyendo simplemente que el objetivo final vale la pena, y lava todos los males producidos para lograrlo.

En este sentido, muchas veces nos impulsa la necesidad de ser reconocidos, y no precisamente en el ámbito laboral.

Tomamos a las conquistas sexuales como trofeos de guerra que decoran nuestras vitrinas; vamos buscando el placer intenso que ese encuentro íntimo nos brinda y al terminar, sentimos la necesidad de sostener ese placer momentáneo, sin meditar en el vacío que a posteriori se produce, sin darnos cuenta que, siempre buscamos amor de ida y vuelta.

Disfrutamos excesivamente de hobbies, que nos insume más tiempo que el dedicado a nuestros afectos, como es el caso de los videojuegos, o el tiempo excesivo dedicado a la Internet, sin percatarnos que nuestra necesidad primaria e impulsora de toda búsqueda, es precisamente la de crear sentimientos genuinos.

Estas y tantas otras actividades, nos traen ciertamente cuotas de placer importantes, nos seducen y embriagan perentoriamente llevándonos durante un breve lapso, al mundo imaginario del placer en cualquiera de sus formas, pero al igual que el alcohol o tabaco en exceso, a la larga nos envilece, nos enferma, nos termina abriendo aún más, las verdaderas heridas.

Son estos, como me gusta llamarlos, los "Placeres tóxicos", actividades, pasatiempos o actitudes que nos descuelgan momentáneamente de nuestra realidad cotidiana; dilatan el verdadero enfrentamiento hacia los desafíos que, potencialmente nos facilitan el encuentro de un equilibrio superador, nos permite evadirnos sin enfrentar nuestras dolencias reales, aquellas que sí necesitan atención urgente para sanarlas como ser: la falta de afecto, de reconocimiento, la superación de una pérdida, etc.

Llegué a la conclusión que los psicofármacos o drogas peligrosas, no son los únicos venenos legales o no, que nos brindan placer momentáneo para ocultar nuestras faltas, ni siquiera son estadísticamente los más populares en el mundo, ni los más letales.

Invertimos como sociedad y de manera correcta, millones de dólares en la lucha contra el narcotráfico, pero por otro lado promocionamos vicios legales, y alentamos al individualismo en exceso y la competencia desleal para el logro de objetivos materiales que, nos vacían de contenidos y nos quitan literalmente nuestras riquezas internas como ser: la solidaridad, el amor por el prójimo, la compasión, la entrega plena.

Siendo conscientes (o sin darnos cuenta de ello), formamos parte de la maquinaria indolente que destruye el tejido social de manera silenciosa, avalado por las masas que seducidas por el éxito rápido al mejor estilo Showmatch, participan inescrupulosamente para pertenecer a este mundo selecto, de valores trastocados.

Las evasiones o actividades, que intentan ocultar nuestras reales necesidades, y que en apariencias son productivas o placenteras, terminan envileciéndonos al punto de enfermarnos emocional, espiritual, y corporalmente en ocasiones, de máxima gravedad.

En este sentido te pregunto e invito a reflexionar: ¿Cuáles son aquellas actividades y actitudes similares a las planteadas que, después de leer este artículo, encuentras en tu persona, y que harás para remediarlas?


  • Quiero ayudarte... Pero ¿Cómo hacerlo correctamente?

    Mi amigo Oscar Pastor que, para hacer honor a su apellido es pastor evangélico, al charlar sobre una actitud que tuve hacia mi u otra persona, y que a su entender resultó positiva, me brinda la expresión: "¡Gloria a Dios!" en claro gesto de aprobación. De esta manera y a sabiendas de su estilo, consolida mi postura y alienta a seguir en esa dirección.

Hace tiempo ya, que ante una falta cometida por mis hijos les pregunto:

¿Qué pasó? ¿Qué te llevó a hacer esto?

Confieso que al principio me resultó difícil contener el impulso negativo a castigarlos o marcarles el paso diciéndoles qué debían hacer, y también fue arduo para ellos que se sinceren y comprendan lo hecho, pero al poco tiempo comenzamos todos a "darnos cuenta" de los beneficios que nos trajo el cambio, de a poco fuimos tomando responsabilidad creativa y pacificadora en nuestras acciones, hecho que nos anima a todos, a continuar por la misma senda. Y por supuesto cuando enmiendan el camino, o actúan correctamente, mis hijos reciben calurosas felicitaciones.

Mis viejos utilizaron el marcar puntualmente los errores con castigos, voz elevada, enojos, supongo que muchos de ustedes sabrán de lo que hablo. Por supuesto no juzgo ni bien ni mal a este método, es el que supieron aplicar con todo el afecto del mundo hacia sus 3 hijos; de todas maneras (y confesando de haberme servido del mismo en varias oportunidades) entiendo a este sistema arcaico y basado en conceptos restrictivos de enseñanza que no comparto.

A partir de este enfoque tomé el desafío de "Guardar en el bolsillo el dedo acusador". El planteo es simple: Si alguien comete un error por el motivo que sea, ¿Es correcto que le genere más angustia, regañándolo duramente sobre el hecho? y la verdad que no me parece adecuado hacerlo incluso, considero obsceno inmiscuirme de forma directa en el camino de aprendizaje del otro, resaltando exclusivamente las faltas que comete.

De igual forma reflexioné sobre las actitudes de terceros hacia mí: si alguien me dirige un ataque de cualquier tipo: directo o indirecto, frontal o subrepticio, mediocre o con altura; entiendo que el impulso de ese embate fue por un "mal sentir" de esa persona, y si alguien tuvo un mal sentir por el motivo que fuera, ¿Es justo que responda con la misma saña?

Y en verdad que no es justo, claro que esta enseñanza no se logra fácilmente, y tiene sus costos.

Me di cuenta que, recibimos agresiones producto de una distorsión del ego, aprendí que no es de sabios responder a un ataque con otro similar, tampoco es una actitud recomendable para nadie sino todo lo contrario, ya que sabemos que cada uno de nosotros, rendimos cuenta exclusivamente de los actos que cometamos, incluyendo las respuestas que damos a estas provocaciones.

Es así que, si continuamos con la actitud de apuntar los errores que los demás cometen, no solo equivocaremos el juicio, sino que estaremos restándole tiempo a nuestro propio camino, lo estaríamos evitando usando de excusa lo que "afuera ocurre, para esquivar lo de adentro".

Estoy convencido que solo competimos con nosotros mismos, siempre, y con nadie más.

Claro que este aprendizaje no resulta gratis, nos llega luego de golpearnos tantísimas veces con la misma piedra, y al darnos cuenta que, nadie se encuentra en nuestro camino de evolución. ¿Cómo podría alguien competir con nosotros? En este sentido, es imposible que esto suceda.

Cada quien tiene sus propias metas. La competencia personal de cada uno, consiste en superar las falencias con aquellas virtudes que en cada caso correspondan, y la mejor ayuda que en estas situaciones le podamos brindar a nuestro semejante es: demostrarle nuestro beneplácito al respecto de las acciones positivas que realiza, promoviendo cualidades correctas de transitar la vida, a través del ejemplo.


  • Amor de Showmatch, o amor genuino

    Segunda Parte

Varias personas al compartirme sus vivencias amorosas, detallaron las aflicciones que sufrieron, al situarse como víctimas en sus fracasos sentimentales, y que no fueron correspondidas, como creían merecer.

En estos casos siempre y sin excepción, el dolor que nos invade es producto de un ego herido, por la pérdida de ese amor o sentimiento, que pensábamos de nuestra propiedad.

El ejemplo más acabado lo tenemos en la novela mediática que protagonizan Virginia Gallardo y Ricardo Fort, habiendo sido este último conquistado enfermizamente por el personaje de ficción que inventó, (y que al día de hoy controla a su vida), negando lo evidente que Gallardo expresa en cada uno de sus rechazos, y realizando acciones afines, a las fluctuaciones mediáticas del minuto a minuto, para continuar sosteniendo el brillo que su ego le exige, como estrella fugaz, en el cielo mediático de Showmatch.

Si nos mantenemos perceptivos y abiertos a la realidad que nos circunda, podemos darnos cuenta que, los orígenes de cualquier distanciamiento en nuestras respectivas parejas, comienzan en un sentir impulsivo del ego, que influye en las acciones que variadamente realizamos día a día:

-Si fuimos los principales responsables de haber roto la relación, por cometer errores que en su momento no reconocimos, negamos estos hechos a nuestra conciencia y actuamos como si nada hubiera ocurrido, repitiendo a posteriori las mismas faltas, una y otra vez.

-Por otra parte, si nos hacemos cargo de estos desaciertos sin intentar comprenderlos, nos invadirá la culpa de lo sucedido y a partir de allí, decaeremos en síntomas depresivos que harán estragos en nuestro ánimo de vida.

-Y si finalmente fuimos traicionados, o simplemente la otra parte nos dejó, nos situaremos en el rol de víctimas comenzando a desconfiar de las bondades de este sentimiento profundo, justamente por el dolor que sufrimos y el orgullo golpeado que nos quedó, dejando de creer en su magia, resignándonos a vivir en la mediocridad afectiva.

El amor egoísta nos impide comprender el libre albedrío que poseemos; nos distorsiona la visión trascendental y nos encierra en la búsqueda de nuestra propia satisfacción, sin que nos importe la otra parte, como si esa persona fuese un objeto que debe actuar y sentir según nuestras propias exigencias.

¿Cómo alcanzar el equilibrio en una relación amorosa? claro está en una base de mutuo respeto y honesta entrega.

En lo que a mí respecta, logramos la armonía, cuando amamos sin condiciones:

-Sin esperar nada cuando damos algo, puesto que todos reaccionamos distinto antes un obsequio recibido, sea este material o afectivo.

-Sin reclamos de ningún tipo, comprendiendo que todos somos perfectibles y cometemos errores. Basta con alejarnos si la relación nos daña.

-Sin manipulaciones de terceros, en la búsqueda de satisfacer nuestras necesidades, porque solo son nuestras y ninguno más se tiene que hacer cargo de ellas.

-Sin forzar cambios de la otra parte, aceptándolo tal cual es, como te dije al principio, sin condiciones.

Esta visión incondicional la podemos aplicar en todas las variables del amor hacia nuestros padres, amistades, pareja, y no tan sólo hacia nuestros hijos.

-El Amor es la fuerza madre y vital que nos da el impulso de vida en cada momento, y esta misma fuerza no hace diferencias de ningún tipo con las personas que nos relacionamos.

-El ego divide las aguas y nos induce a clasificar los sentimientos y por consiguiente, a valorar más a unos que a otros, sin permitirnos ver al amor en su dimensión real y valedera.

El amor genuino nos permite trascender hacia un universo emocional profundo, permitiéndonos abandonar formas que nunca fueron parte de nosotros, y dejando al descubierto el ficticio amor que protagonizan, las estrellas fugaces dell firmamento mediático, en el exitoso circo de Showmatch


  • Amor de Showmatch, o amor genuino

    "El Amor Verdadero es sólo para valientes, y no acepta términos medios ni sentimientos cobardes."

Existe en el mundo una mayoría temerosa de personas, que cierran su corazón preocupadas por lo que pueda ocurrir. Tan sólo brindan un amor, como los que vemos en "Showmatch": acordado, mediático o superficial.

Hoy día son comunes los acuerdos prenupciales, anticipando un hipotético fracaso de esa relación. Yo me pregunto entonces: ¿Qué están decretando, si de antemano anticipan un "reparto de bienes post-pareja, o acordando previo al fracaso, la devolución de obsequios realizados?"

Argumentos restrictivos del Amor genuino o incondicional

"Te amo si me amás" como si amar implicara concretar una relación comercial afectiva como las que, en apariencias, Ricardo Fort propone. No existe un Amor razonado de pareja: o se siente a pleno, o nunca fue Amor Verdadero.

El Amor puro es profundo y espontáneo, de ida y vuelta.

"Me entrego si te entregas". La entrega en un Amor Puro nos plenifica y jamás nos vacía de nada. No hay espacio para la Razón en un amor genuino.

Está claro que, si alguien en pareja siente que pueden violentar su integridad física, psíquica y/o emocional, no tiene obligación de permanecer allí, y lo más recomendable es que se aleje, como lo han hecho las ex de Fort, al verse manipuladas por alguien que a simple vista, sufre un terrible coma egocéntrico.

Las agresiones que recibamos de ninguna manera nos exigen responder de igual forma.

Si nos lastiman, nos retiramos comprendiendo el tránsito enfermizo o erróneo que la otra parte está viviendo, y solicitando en base a nuestras creencias, que retome el buen camino por su propio bienestar. Nadie está exento a creérsela, y mucho menos a equivocarse.

"Te doy si me das". El Amor verdadero no necesita nada a cambio de aquello que damos. Es nuestro Ego quien reclama una recompensa por lo que ofrecemos, no así nuestro Amor, si es genuino.

Cuando el Ego nos gobierna, como es en el caso de Ricardo Fort, y no recibimos del otro aquello que pretendemos, nos sentimos mal. Decimos en estos casos "Brindo demasiado y me dan poco, creo justo exigir lo mismo por aquello que doy".

Los reclamos imperativos jamás son producto del afecto generado por Amor; los hacemos para que nos reconozcan en algo, y generalmente este pedido de reconocimiento nos habla sobre carencias que están sin cubrir en nuestra vida, y en muchos casos, no guardan relación con nuestra pareja en sí.

Al darnos cuenta que sentimos desarmonía por estas situaciones, tenemos la posibilidad de profundizar sobre estos desajustes emocionales que nos impiden estar en equilibrio con el otro, y con nosotros mismos.

Claro está que no somos ni pretendemos ser ajenos al Ego, es parte indivisible de nuestra existencia. Asisto en coaching emocional a varios personajes mediáticos que tienen frecuentemente ataques egocéntricos, incluso algunos que interactúan en Showmatch.

A todos les transmito el mismo concepto: El Amor incondicional mide más rating que un ego exacerbado, aunque sea un ideal, una utopía. El objetivo es llegar lo más cerca posible, para ser felices y encontrarnos en un exitoso equilibrio.

En la vivencia de un Amor Verdadero, no existe la posibilidad de guardar secretos o evadirse a otra realidad; esto puede ocurrir en una relación afectiva que no nos satisface.

Estos secretos o evasiones nos abren la puerta para plantear valientemente estos temas con nuestra pareja, buscando el camino más directo en la búsqueda de la Verdad emocional.

A diferencia de los amores mediáticos de Showmatch, sabemos que no hace falta una tercera persona para llenar espacios vacíos, si la buscamos es porque tenemos miedo de enfrentar la realidad.

El Amor Verdadero es de valientes y atemporal, y no para cobardes o caprichosos.

El Amor Verdadero toma todo de nosotros, y como contrapartida nos brinda un sentir extasiado que, en algunos casos, dura por siempre, para toda la Eternidad.


  • Ser hombre viejo, o ser Hombre grande ¿Qué camino pensamos elegir?

    Si esperamos obtener a todas las condiciones necesarias para alcanzar nuestras metas, seguramente nos resultará imposible concretarlas.

Esta necesidad, de tener todo cubierto para hacer algo que sentimos importante, nos juega en contra y nos paraliza, al punto de encerrarnos en un callejón sin salida.

Son estos pensamientos, obstáculos disfrazados de exigencias. Surgen de nuestra profunda aprensión a los cambios que deseamos realizar, en parte por frustraciones que en el pasado tuvimos y que actualmente nos siguen afectando, y por otro lado el terror a lo desconocido, ese territorio insondable que tan sólo descubrimos al transitarlo.

Somos presas del temor a "no conseguirlo; a hacer el ridículo; a fracasar; a sentir que no podemos lograrlo".

Estos miedos nos boicotean a menudo en nuestra vida, nos exigen tomar recaudos en exceso, justamente para forzarnos a abandonar la tarea y quedarnos en los "límites conocidos de nuestra realidad".

Si pretendemos innovar y ser pioneros en la búsqueda de nuevos espacios, naturalmente surgirán dudas que restrinjan nuestros actos propositivos, casi en su totalidad.

Si finalmente aceptamos a estas dudas y las convertimos en certezas; y las integramos a nuestra personalidad creyéndonos conformes y a salvo, habiendo alcanzado de este modo nuestro "lugar seguro"; y si dejamos definitivamente a un costado nuestros deseos al sentirlos "inalcanzables", al término de nuestros días seremos presas de un sabor amargo por haber transitado el camino, sintiendo vacíos que no sabremos comprender.

Habremos sido mezquinos, construyendo un espacio "seguro y conocido", donde todo nuestro entorno será predecible, oscilando en la vida entre éxitos menores y fracasos superables; trayendo a nuestro presente cada vez que podamos y de manera nostálgica, los premios que supimos conseguir, sin darnos cuenta que los mismos, fueron momentos de intensa felicidad aunque efímeros: una vez logrados la vida continuó inexorable, presentando desafíos nuevos por alcanzar.

Ninguno de los logros obtenidos, se transforman en metas trascendentales que podamos sostener victoriosos por siempre, puesto que cada tiempo presente es único e irrepetible, incluso los buenos momentos.

Este espacio "seguro y conocido" que limita nuestro desarrollo psico-emocional, será construido a costa de tirar por la borda la maravillosa posibilidad de conquistar la verdadera trascendencia, cualquiera sea la forma en que a ésta la entendamos.

Habremos "llegado a ser viejos" dejando al morir como herencia, tan sólo nuestros bienes materiales, en vez de "apostar a ser Grandes" legando a otros un ejemplo de vida a seguir y así, a través de ellos cuando hayamos partido, alcanzar la inmortalidad en sus acciones, afectos y memoria.

La mejor travesía hacia el encuentro de dicha trascendencia, nos lleva indefectiblemente a un recorrido íntimo, descubriendo, conociendo y comprendiendo cada una de nuestras emociones, sentimientos y valores, enfrentando los mismos a nuestras miserias para derrotarlas, y reforzando nuestras virtudes para consolidar nuestro ser interno y así, creer en nosotros dando lo mejor que tenemos en cada intento, a sabiendas que todo lo podemos realizar si contamos con el convencimiento adecuado, para lograrlo.

Para llegar a "Ser viejo" simplemente necesitamos continuar como hasta ahora, sin demasiados cambios ni esfuerzos, estando a salvo en nuestro lugar seguro, en esa monótona y previsible realidad, que conocemos perfectamente.

En cambio, si nos animamos a ser en cada uno de nuestros actos, un ejemplo de vida para el bien de aquellos que así nos tomen cuando partamos a otro plano; si a medida que transitamos en la búsqueda de nuestros sueños, manifestamos y realizamos nosotros mismos, las condiciones necesarias para hacer de estos sueños, un intenso, único e inigualable presente, estaremos construyendo paso a paso el verdadero sendero para llegar a ser "Grandes", derrotando a las barreras del tiempo, acrecentando nuestra figura e influencia en otras personas, logrando así, la tan ansiada trascendencia inmortal.

Ser Hombre viejo, o ser Hombre Grande, vos elegís el camino a seguir.